A tomar nota: Las razones para considerar Uyuni como tu próximo destino

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Un día estábamos en San Pedro de Atacama y decidimos irnos a conocer el salar de Uyuni. Hace dos años había estado por esos mismos lados, con muchas ganas de cruzar la frontera hacia el país vecino que aún me faltaba por conocer, pero por circunstancias de la vida no había podido cumplir el sueño.Esta vez sí que lo lograría. Tenía que desbloquear ese logro de atravesar la frontera hacia tierras bolivianas de las que tanto me habían hablado. Parajes hermosos, gente amable, precios baratos. En resumen, Bolivia prometía ser un spot con las 3 B: Bueno, Bonito y Barato. Sin embargo, hay varias cosas que no me dijeron. Con esto no quiero insinuar que Uyuni no sea ni Bonito, ni Bueno ni Barato, sólo que faltó la experiencia de estar allá. Mi error fue hacerme demasiadas expectativas, y es que aún cuesta aplicar el “no esperar nada”, “no hacerse expectativas”, “dejarse sorprender con todo”, si tienes un viaje pendiente hace rato. Claro que se crean ciertos parámetros, pero una vez más te recomiendo dejarlos de lado.

Lo Bueno

Partamos por las cosas buenas del viaje. Bolivia sí es más barato que Chile, aunque eso no es muy difícil de cumplir en Latinoamérica. Casi todos los países son más baratos para comer, dormir y transportarse que Chile. El pasaje desde Calama a Uyuni nos costó $10.000. Buscamos en internet ese mismo día en San Pedro (era domingo) qué buses se movían entre estas localidades. Encontramos los buses Frontera y los buses Atacama Vip. Ambos costaban entre 10 y 12 mil pesos. Ambos tenían otras similitudes: no tenían baño y había que hacer cambio de bus en la frontera chilena-boliviana, ambos quedan en calle Antofagasta en Calama. Cabe destacar que el tema del baño es importante puesto que son ¡OCHO HORAS! De viaje. Igual si es muy urgente se puede llegar a un acuerdo con el chofer y parar en el camino. No obstante, nosotros llegamos a otro terminal en Calama. Nos dejó ahí el chico que nos tomó en San Pedro y nos llevó hasta Calama. Estos buses se llamaban Cruz del Norte están ubicados en calle Santa María. Estos buses son 5 estrellas para lo que se puede aspirar: Tienen baño y no hay que hacer el cambio en la frontera, evitándonos pasar ese frío de la mañana en el desierto. A las 5:30 de la mañana salió el bus dirección Uyuni. Dormimos todo hasta la aduana en Ollagüe, la última localidad chilena, bastante pequeña que sólo tiene un retén de carabineros, una iglesia, casas y unos cuantos negocios. Nada más. Llegamos a Uyuni a eso de la 1 de la tarde, luego de enfrentarnos a paisajes hermosos e imponentes. El camino era bastante 4×4, de hecho me sorprendía que el bus pudiera pasar por ahí a una velocidad moderada. Las montañas multicolores por el mineral presente en todo su esplendor nos mantenían con la cara pegada al vidrio, permitiéndonos encontrarnos de frente con vicuñas, llamas, alpacas y animales silvestres y salvajes que nos recordaban que ya no estábamos en Chile. Eso era muy bueno. Al llegar a Uyuni fuimos “atacados” por varias señoras bolivianas que nos ofrecían tours, alojamiento, belleza, disfrute, entre otros. Nos convenció una en especial que nos dejó el tour de un día y dos noches de alojamiento con desayuno incluido por muy poco dinero, vista y considerando que éramos dos mochileros con más ganas de conocerlo todo que lucas. Llegamos al Hostal Sajamar (2 estrellas), el cual contaba con WiFi y ducha caliente (suficiente comodidad para nosotros). Nos acomodamos en una pieza matrimonial y salimos a descubrir la ciudad.

Hotel de Sal

Lo Malo

La ciudad de Uyuni está bien alto (3670 msnm), como varias de las ciudades altiplánicas. Es una localidad que se encuentra principalmente enfocada al turismo, sin embargo este no es cultivado de buena manera, buscamos un restaurant vegetariano, tratando de alejarnos un poco de la plaza, ya que habíamos leído que entre más lejos de la plaza los precios bajaban. Nuestra primera parada fue el mercado, donde nada tenía un precio definido y todo variaba según tu aspecto. Entre más europeo o gringo te veías, más subía el valor. Con los chilenos pasaba algo similar. Fue nefasto. Primero en la cocinería aquella que nos dijeron que era muy barato todo tenía pollo u otro tipo de carne, no había ni una opción vegetariana, pero esto no fue lo peor, sino que nos sentimos discriminados cuando por dos manzanas nos cobraron 700 pesos chilenos solo por ser “rusios”. Me sentí triste y decepcionada. Yo no discrimino a quien es diferente a mi, puesto que en el fondo somos todos humanos, independiente de todo lo demás. Comencé a recorrer con un poco más de desconfianza, descubriendo que en la mayoría de los lugares de este pueblo era así. Traté de calmar la decepción pensando que no en todo Bolivia sería así y que daba lo mismo los obstáculos o decepciones del camino, que había muchas cosas por descubrir en aquel sector. Los niños por ejemplo, que jugaban en las calles sin importarles si eras gringo, chileno, peruano o boliviano, sólo sonreían si tenías ganas de jugar con ellos o porque estaba entretenido el día ¡qué simpleza! Encontramos un restaurant en un segundo piso que contaba con algunas opciones sin carne, como quinoa, sopas de verduras y tortillas vegetales.

Lo Feo

Como dije anteriormente, Uyuni (lugar de encuentro) es una ciudad principalmente dedicada al turismo. El Salar, que es el más grande del mundo con 11.000 kilómetros de extensión, llama a los viajeros de todo el mundo a conocerlo. Con una importante cantidad de litio en su interior, alberga paisajes hermosos y únicos que son dignos de fotografías para el recuerdo, además del fenómeno de las dimensiones que se tergiversan y se pueden hacer entretenidas composiciones. Fuera de eso, el pueblo de Uyuni es la plaza y un par de cuadras que tienen puestos de artesanías, confiterías y varios restaurantes. Decidimos ir un poco más allá y recorrer las calles hasta el final. Nos dimos cuenta que la suciedad en las calles es alta, que no hay una conciencia sobre ella, un plan para disminuirla o al menos, que no hayan pañales usados por cada diez pasos que das. Además, las casas a medio construir nos obligaba a preguntarnos que sucedía con la pobreza del lugar ¿Qué los llevaría a comenzar proyectos que luego dejarían botados? Las calles, si bien eran polvorientas, no conservaban esa pulcritud del polvo, como en San Pedro, por ejemplo, donde las calles son de tierra, pero son limpias y esto le dan un aspecto de conservación, o en Toconao, un pueblo aún no tan turístico como San Pedro pero con la misma onda. La suciedad fue un tópico que se repitió incluso cuando visitamos el salar, donde pudimos apreciar que en la isla Pescado hay basura por doquier por las partes que no son comúnmente visitadas por los turistas extranjeros. Es triste. Pienso que hay que hacer algo que rescate, más que nada, la limpieza del lugar, porque el potencial lo tiene.

El Salar.

Nos fuimos a dormir ese día temprano, cansados y un poco desanimados, pero con la esperanza de que el día siguiente sería increíble: conoceríamos el salar de Uyuni entre otras cosas que iban incluidas en el tour. Comenzamos el día con un desayuno en el hostal. Lejanas quedaron las promesas de muesli, avena, frutas, y muchas cosas. El desayuno era pan, mantequilla y mermelada (que no es la misma mermelada que comemos en Chile, sino una especie de gelatina de fruta, muy parecida al dulce de membrillo). Y té o café. Ok. A las 11 de la mañana partimos con el grupo en una de las tantas camionetas Toyota 4×4 que caracterizan a las agencias del lugar. Éramos tres chilenos, una uruguaya, un español y dos mexicanos (que vivían en Chile, mientras estudiaban de intercambio en Iquique). La primera parada fue el cementerio de trenes. Seré escueta: a este lugar puedes llegar caminando desde el pueblo. Está a pocas cuadras del centro y consiste básicamente en un lugar donde dejaron botados trenes en desuso, principalmente de trenes de carga y uno que otro de pasajeros. Fin. Luego fuimos a Colchani, pueblo de la sal. Pasamos por dos controles policiales -al que el chofer/guía llamaba peajes y que en realidad era un policía pidiendo un par de bolivianos a cambio de un timbre. En Colchani se vendía harta artesanía más barata que en Uyuni. Compramos un par de recuerdos para nosotros y nuestras familias, almorzamos y continuamos el camino hacia el salar, el plato fuerte del día. Estuvimos sacándonos fotos, jugando con la perspectiva y disfrutando de los fenómenos que se ven reflejados en la cámara. Conocimos los spots clásicos que no detallaré para no arruinar posibles sorpresas, y luego nos fuimos a la isla Pescado, a la cual podías subir por 30 bolivianos (alrededor de $3000 pesos chilenos). Nosotros decidimos rodear la isla y conocerla por completo pero no desde arriba. No nos llamaba tanto la atención, sin embargo descubrimos cuevas bacanes, cactus gigantes, cometocinos conversadores y una agradable caminata. Volvimos al hotel de sal (realmente hecho de ladrillos de sal) para ver un mágico atardecer y luego volver a la ciudad. Descubrimos un restaurant vegetariano en plena plaza. No era tan caro y había amplia gama de opciones para nosotros. Vimos el partido de Chile contra Panamá con nuestro nuevo amigo chileno que compartimos el tour y que esta era su primera parada de un viaje que lo llevaría hasta las cálidas tierras de Brasil. Compartimos la buena comida, calidez y buenas conversaciones en un rinconcito de Uyuni, una ciudad que creo, dista mucho de representar lo que es Bolivia.

Isla Pescado

Sal del salar

Lo que nos faltó

Si hubiésemos tenido más días para tomar el tour de dos jornadas hubiésemos podido hacer el Volcán Tunupa al cual hay que acceder pagando una entrada de 30 bolivianos, que vale la pena gastar según yo. Espero poder encadenar este ascenso en una próxima aventura por estas tierras.
También notamos que habían algunas agencias que arrendaban bicicletas para recorrer el salar, qué entretenido!

Datos útiles

El bus de vuelta a Calama sale a las 4:30 de la mañana, llega a la aduana a las 7:30, aunque la oficina la abren a las 8:30 por lo que hay que esperar una hora entera en el bus que no tiene calefacción, en la hora más crítica de la mañana. Las oficinas donde se compra el pasaje de vuelta a Calama pueden guardar tus cosas y a ti mismo, evitando pagar una noche extra de alojamiento si se quiere ahorrar. Conviene hacer el cambio de chilenos a bolivianos en Calama o en Uyuni, no en San Pedro. Nosotros le cambiamos al mismo chico que nos vendió los pasajes a Uyuni. Y bueno, disfrutar Uyuni lo más que se pueda, y cada lugar que decidamos explorar. No nos creemos expectativas ni prejuicios, sólo dejémonos encantar por la diferencia y singularidad de cada lugar.

Salar de Uyuni - Perspectiva

Salar de Uyuni - Bicilcleta

Cementerio de trenes

Paula Fernández

Paula Fernández

Viajera, periodista, amante de la vida, la naturaleza, el deporte, la escalada y trato de permanecer en constante movimiento y aprendizaje.
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