“Circo de los Altares”. Entre las grietas de Campos de Hielo Sur

PORTADA Saliendo del anfiteatro del circo de los altares

Haciendo honor a una frase del maestro de la montaña en Chile, Claudio Lucero: “No hay que soñar, hay que actuar… ¡vivir!”
Desde que vi el primer video de unos amigos que habían ido a Campos de Hielo Sur, me propuse tener la oportunidad de vivir esta fiesta de hielo en carne propia. Así comencé a organizar mentalmente el momento en que ejecutaría este plan. Partí por establecer los tiempos, el equipo que me acompañaría, etc. Fue así como a comienzos del 2016 finalmente definimos la fecha: el verano de 2017 llevaríamos a cabo la expedición. De a poco este sueño comenzaba a tomar forma.Comenzamos a tirar lineamientos de toda la logística que necesitaríamos, pensando en que no se nos podía escapar ningún detalle, ya que —en palabras de un buen amigo, miembro de la expedición— “nos íbamos a meter a la boca del lobo”. Ya acercándose la fecha vimos que el clima en Patagonia estaba bastante ingrato, sumado a que una expedición chilena había sido evacuada semanas antes debido a un accidente, instancia que provocó nerviosismo en varios del equipo. ¡Uf! Estas noticias generaron una ola de incertidumbre, por lo que fue necesario poner paños fríos a las aprehensiones de familiares y amigos. En fin, creo que ésa fue la primera valla que tuvimos que pasar; habríamos de mantenernos firmes, también, ante las voces del inconsciente, el que —en cualquier instante—ponía ponerse en nuestra contra. Ya superado este tema, comenzamos a afinar y concretar detalles, entre ellos, la comida. No somos muy amigos de las liofilizadas, y menos aún en un margen de 9 días en el hielo, pero obviamente era imprescindible, así es que logramos adquirir prácticamente toda la comida liofilizada que tenía en stock Andesgear en ese momento (un tremendo partner que se la jugó por la expedición). Siguiendo con la preparación, surgió la duda si llevar o no trineo y raquetas. Sin embargo como teníamos la certeza que en la temporada no había nevado demasiado, la decisión fue optar por dejar los trineos fuera y sí o sí llevar raquetas. Llegó un minuto en el que comenzó el tetris de la mochila. Hasta una simple aguja era peso. A eso se sumó el típico nerviosismo que implica intentar cuadrar el peso en el embarque del avión. Una vez logrados estos objetivos comenzamos con los traslados y conexiones. Valdivia en camioneta a Puerto Montt y luego en avión hasta Punta Arenas, lugar donde nos encontraríamos con Rafa, el sexto integrante de la expedición. Luego en bus a Puerto Natales y Calafate, para llegar por último hasta la localidad de El Chaltén. No podíamos perder un minuto, ya que significaba la posibilidad de poder perder un bus y, por tanto, un día completo de expedición.Rumbo al inicio de la expedición , rio Eléctrico-2Llegando a El Chaltén corroboramos una información que hace bastante circulaba entre los montañistas: el circuito ya no se abordaba por el Paso Marconi, sino por la Laguna de los Catorce, una ruta totalmente desconocida para nosotros. Pero si los argentinos la usaban con sus clientes —en teoría— era segura y no tan expuesta como estaba el Marconi. Ya instalados en el hostal en El Chaltén, constatamos además que el clima al parecer no nos quería dar una mano, así que para bajar la ansiedad y relajarnos un rato recurrimos a pizzas y cervezas. No obstante, la ansiedad y el nerviosismo eran tales que provocaba que algunos del grupo no pararan de ir al baño. Esa noche antes de dormir volvimos a revisar las mochilas y sus detalles, hicimos algunas compras mínimas, llamadas por teléfono, whatsapps, actualizamos las redes sociales y ya estábamos a pocas horas de entrar a jugar el partido que esperábamos hace mucho.Todos felices de regreso en el Chalten-2La mañana del 17 de febrero, ya con todo listo, partimos en camioneta hasta el puente del río Eléctrico, trayecto donde una vez más la cordialidad de los argentinos quedaba en evidencia, al ir el conductor relatándonos la historia del lugar. A medida que se dejaba ver el Fitz Roy y alucinábamos con el paisaje, comenzamos a agarrar fuerza y coraje para lo que se venía. Ya en el río Eléctrico, nos abrazamos y dimos palabras de aliento para lo que iniciaríamos: “todos llegamos y todos nos vamos”. Al iniciar la caminata por el bosque, el contacto con esa naturaleza fue una inyección de energía única, esa que se vive sólo en Patagonia. En esos momentos, el cuerpo y la mente comienzan a mutar. No es sólo la parte técnica que se aplica o desarrolla, es algo mucho más integral, entendiendo que días más adelante no seríamos ya los mismos. Llegando a Piedra del Fraile acordamos quedarnos en ese lugar para ver cómo andábamos con la instalación de las carpas (otra cosa es con guitarra, me refiero a los tiempos). Mientras estuvimos en ese refugio, disfrutamos de fotografías, historias y registros del montañismo local, dejándonos claro que esto no era un juego. rumbo a piedra del fraile-2A la mañana siguiente, llegamos al sector La Playita, recibiendo previamente la bienvenida del río Pollone que mojó a algunos por completo. Luego realizamos con mi amigo Gonzalo una avanzada para tratar de ver las condiciones en las que estaba el paso Marconi, constatando que no teníamos opción alguna de pasar por ahí. Adentrarnos por el Marconi era ponernos la soga al cuello y esperar que cayera la silla (muchos seracs cayendo). Así es que optamos por un plan B y seguimos por la laguna de Los Catorce, la que nos daría la bienvenida con una linda tirolesa. Ese día fue muy duro, muchas terrazas de rocas y con la última salida del paso al cual llamamos Del Perdón logramos salir de ese sector e improvisar un campamento a los pies de Campos de Hielo. Hacía frío, pero estábamos de estar a metros de montarnos en el hielo patagónico.Camp a los pies de Campos de Hielo-2Contemplado el paso Marconi-2DCIM102GOPROAl día siguiente, Campos de Hielo nos recibía tal como lo habíamos imaginado… con viento blanco y una enorme extensión de hielo que se perdía a nuestra vista. Comenzamos la caminata sorteando grietas. No era sencillo y no nos estaba permitido ningún margen de error.Después de largas horas de caminata, Gonzalo, quien iba punteando en ese momento, nos dijo: “¡Veo el refugio!” El escuchar esas palabras fue como si le hubiéramos ganado la copa del mundo a los argentinos. Y luego se dirigió a mí: “¡Dale tú ahora!”. Fue como si fuera saliendo del vestuario a la cancha. En fin, se sucedieron muchas emociones juntas, imágenes de mi familia, de los amigos que contribuyeron a mi formación, como la figura de Eduardo Mondragón. Quería llegar lo antes posible a ese refugio, así que fue muy emocionante cuando llegamos a la isla de roca en la que se encuentra. A varios nos cayeron las lágrimas al divisar algo que antes sólo veíamos en fotos. Y para qué decir del paisaje. Justo cuando llegamos se calmó algo el viento y se abrió la posibilidad de apreciar un entorno tan deslumbrante que es imposible de describir con palabras. Fue simplemente alucinante. Ya en el refugio, comimos, secamos la ropa, disfrutamos y aprovechamos de llamar a nuestras familias desde el teléfono satelital. También aprovechamos el momento para agradecer al Instituto Campos de Hielo y a Conaf por la cordialidad con que siempre nos trataron desde un comienzo.Refugio Eduardo García Soto-2El lunes 20 de febrero a las 6:00 de la mañana ya estábamos en pie. Como era habitual, tomamos un desayuno reconfortante y asumimos que se vendría una jornada dura. Pasaríamos por el lugar donde ocurrió el último accidente de una expedición chilena. Los nervios se volvían a apoderar de varios. Esa mañana, Campos de Hielo nos dio una buena ventana y logramos ver en su magnitud el Gorra Blanca y el Cordón de Gaea, así como los alrededores del mismo refugio, donde se evidenció el dramático efecto del cambio climático… es un tema alarmante. Ya todos equipados, procedimos con la marcha sorteando grietas y nunca perdiendo los puntos de referencia que nos debían hacer llegar al anfiteatro del Circo de los Altares. Al caminar constatamos que sería un día largo. Nos encontramos con nieve muy blanda, por lo que sacamos las raquetas, las que fueron nuestros mejores aliados durante ese trayecto. De la nada, el escenario nos volvió a sorprender, comenzando a hacer bastante calor, intercalado con ratos de lluvia, mezcla que hacía que la nieve estuviera bastante fresca y expuesta a caídas de puentes que ocurrían al lado nuestro.Tránsito en glaciar-2Por momentos estábamos obligados a realizar demasiados zigzag para ir sorteando las grietas. Esto llevó a que, por momentos, nuestro punto de llegada se hiciera muy lejano. Fue así como a las 20:00 horas tuvimos que tomar la decisión de improvisar un campamento en un planchón de hielo que nos diera la seguridad de montar dos carpas… Entonces hubo silencio entre la mayoría de los expedicionarios. Sin duda, en tales situaciones la mente empieza a cuestionarse. Estar acampando en medio de la nada y rodeado de grietas da escalofríos. Para algunos, esa fue la noche más larga. Gerardo, uno de los integrantes de la expedición, dijo “me entrego en las manos del Señor” y durmió como un bebé. A la mañana siguiente y con la primera luz del día, debíamos estar saliendo ya del laberinto de grietas. Desconocíamos cómo estaría el escenario, ya que durante la noche rugió un viento que nos hizo pensar en que en cualquier instante los tornillos de hielo serían arrancados de cuajo. Sin embargo, cuando salimos de las carpas, nos dimos cuenta de que Campos de Hielo nos estaba regalando la mejor ventana de toda la expedición. Pudimos ver desde ese punto el cordón Mariano Moreno y el volcán Lautaro junto a todo el mar blanco, que en conjunto brindaba un paisaje cautivante. Avanzando, llegó el momento que para mí fue el más emotivo, el estar a unos metros de los colosos Fitz Roy y Torre, algo realmente emocionante. Después de las fotografías de rigor, seguimos avanzando para salir del hielo, logrando satisfactoriamente tocar tierra y darnos los abrazos respectivos: lo habíamos logrado. Luego buscamos un buen campamento, ubicado próximo a la laguna de Los Esquíes, un sitio bien resguardado donde pudimos llegar temprano y recuperar fuerzas. Fue en ese momento cuando a uno de los integrantes sus botas le estaban dando una mala pasada y las ampollas se hicieron sentir. El rol de la enfermera de la expedición entró de lleno. Recordamos entonces una frase de Marcelo Bielsa: “lo importante es la nobleza de los recursos utilizados, la dignidad con que recorriste el camino en búsqueda del objetivo”.Tránsito en glaciar, saliendo del laberinto de grietas-2A la mañana siguiente debíamos caminar por el Paso de los Vientos, el cual sin lugar a dudas hacía honor a su nombre, mandándonos al suelo a todos en algún momento. Ya en nuestro último campamento en Laguna Toro, hicimos un vivac y salimos muy temprano por la mañana, sin dejar de pasar por la acogedora tirolesa, para cuadrar con el bus que nos llevaría a Calafate y así con todas las demás conexiones. En el camino veíamos como mucha gente que abordaba esa salida del circuito para un trekking por el día e interactuamos con algunos de ellos, la mayoría asombrados por la cantidad de equipo que llevábamos y con un “exquisito” aroma, que me imagino les sorprendía. Me llamó fuertemente la atención que varios de ellos nos ofrecían algún snack o nos daban agua. Ya acercándonos al límite del recorrido podíamos ver El Chaltén, cuestión que nos hacía ver que estábamos llegando al final de nuestra expedición. Doy gracias a Dios porque todos llegamos sanos y salvos, dándonos un fuerte abrazo. Así, en relación a mis compañeros, recuerdo otra frase potente, cuyo autor es Rodrigo Jordán: “En el montañismo, las cosas se hacen en equipo. Si llega alguien y dice que subió el Monte Everest solo, está mintiendo y se está mintiendo a sí mismo. Para que tú puedas subir el Everest, hay varios trabajando. Sería ciego no darse cuenta de ello”.
Campos de Hielo es uno de los escenarios más hermosos y cautivantes que he visto en mi vida. Sin embargo, es también extremadamente hostil y no da opción para improvisaciones.DCIM102GOPRODCIM103GOPRO
Les dedico este viaje a mis compañeros de expedición: Ángela González, Constanza Barrera y Gerardo Gajardo, junto a Gonzalo Aylwin y Rafael Cabezas, mis hijos y familia, amigos y la tienda Andesgear Valdivia. Pero en especial, le dedico esta travesía a mi esposa que ha sido mi mejor cordada en todos estos años. Además, fue la encargada de la logística y de proporcionar los detalles cruciales para lograr bien nuestro itinerario. Ahí terminó la expedición. En palabras de Claudio Lucero, “la vida es como una ascensión. ¿Cuál es el final de una ascensión? ¡Cuando uno llega a la casa! Conseguir la cumbre es sólo la mitad. En la vida lo lindo es lo recorrido, lo vivido. Eso permanece”.

Erwin Martinez M.

Erwin Martinez M.

Montañista y fundador de Alarce Outdoor
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