Cómo armar tu propio boulder en casa

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El entusiasmo por construir nuestro propio muro nació el mismo día que asistimos como espectadores a la competencia Master de Boulder de The North Face. Allí, atónitos ante las grandes destrezas que exhibían los atletas nacionales e internacionales, nos propusimos incursionar en la escalada: queríamos darle a conocer este mundo a nuestros niños (de 5 y 2 años) y, de paso, aprender un nuevo oficio, entretenernos un rato y practicar algo de deporte. Fue así como ya al día siguiente de la competencia, comenzamos a recolectar referencias y a leer mucho al respecto.

Reuniendo materiales

Lo primero, ante todo, es tener un objetivo claro. Esto suena básico y obvio, pero no es menor: la calidad del trabajo dependerá de qué tan definido se encuentre dicho objetivo, porque toda ejecución sin un plan maestro termina en improvisación. Por ejemplo, en nuestro caso, nos propusimos recrear un muro en la esquina de la terraza de nuestro departamento. Es decir, el espacio era limitado y contaba, además, con algunas dificultades que exigirían soluciones “ingenieriles”: había que lidiar con dos esquinas, con una ligera inclinación del techo y un canto de baldosas en los bordes inferiores. Por lo tanto, pasamos un buen rato trazando ideas sobre papeles, midiendo espacios y lanzando bosquejos. Además, según el plan que diseñamos en nuestras mentes, queríamos recrear un muro de roca natural, de tal modo que nuestros niños, al escalar, no vieran plásticos fosforescentes o tablas de colores.manchon (1 de 5)Con la idea clara nos dirigimos en un primer término hacia el Mallsport, aquel gran centro comercial ubicado en Las Condes, Santiago, pensando en que allí podríamos encontrar el material necesario para plasmar nuestros afanes. No fue el caso. Nos fue mejor visitando tiendas especializadas y gimnasios, como La Cumbre, ChileMontaña y Gimnasio El Muro. Desde luego, hay muchos otros sitios donde uno puede comprar presas — y también recibimos datos de personas particulares y artistas creativos que modelan la resina a pedido. Pero dado que nuestro presupuesto era acotado, finalmente compramos unas 30 presas ya usadas (en buen estado y considerablemente más baratas). De acuerdo a nuestro plan de lograr un muro que se viera lo menos artificial posible, adquirimos puras piezas negras y grises.
Pero lo que no encontramos en algunas de esas tiendas fueron las tuercas para clavar, los pernos allen y la llave allen de 10 mm. Para eso, fuimos a la Ferretería La Casa del Perno, cerca del Metro Los Héroes.
En otra jornada, partimos al Easy a comprar las planchas de madera terciada de 1,5 cm de espesor. Apenas cupo todo en el auto. Pero una vez que logramos reunir todos los materiales, comenzó el trabajo propiamente tal.

Manos a la obra

Primero, trabajamos en la elaboración de un soporte para luego, sobre eso, montar las planchas de madera. Este soporte consistió en tablas del mismo terciado colocadas en ambos límites, superior e inferior, y al centro. Fijamos estas tablas al concreto (del edificio) por medio de tornillos con tarugo.
En paralelo, cortamos las planchas de madera de acuerdo a las dimensiones que requería el espacio. En vez de forrar toda la esquina de nuestra terraza con solo una gran pieza, pensamos en que sería mejor crear cuatro bloques y ensamblarlos. Así, al no ser una sola plancha enorme, el muro no se deformaría por el peso de una persona colgando de alguna presa. A esas mismas superficies de terciado les hicimos múltiples hoyos de 10 mm de diámetro con un taladro. A cada hoyo le colocamos por detrás la tuerca para clavar: cada “patita” de la tuerca se incrustó en la madera, quedando firme y fija.manchon (5 de 5) manchon (4 de 5)Luego, sobre los soportes ya previamente instalados colocamos las planchas de madera ahora ya agujereadas y con tuercas por su reverso. Otro dato importante: apoyamos las planchas inferiores directamente sobre las baldosas de nuestra terraza. De esta forma, el peso no recaería únicamente en los tornillos (encargados de unir las planchas a los soportes), sino que podría descansar sobre el suelo sin problemas.
Finalmente, con las planchas ya instaladas, sólo faltaba fijar las presas mediante los pernos y las tuercas ya incrustadas en la madera.  Content-banner-INVIERNO

Poniéndole color 

Para volver aún más interesante nuestro experimento, nos propusimos colocarle una cierta inclinación al muro. Pues subir una pared vertical no presenta mayor dificultad. Pero si ésta se viene sobre uno y la gravedad comienza a incidir, el desafío se vuelve mayor. Así, para obtener la inclinación deseada, instalamos unas escuadras unidas al cielo que habíamos doblado, ligeramente, en un momento previo. El soporte superior fue montado mediante esas escuadras. Así, una vez que instalamos la plancha con sus hoyos y tornillos para clavar, logramos una inclinación de unos 20°, suficiente para que nuestros chicos jueguen y para que un adulto se deje colgar y practique el agarre de dedos.manchon (2 de 5) manchon (3 de 5)
Cerramos nuestro proyecto embelleciendo la obra. Para ello, integramos a todos los miembros de la familia: repartimos brochas y todos nos pusimos a pintar el muro. Así, al sentirse involucrados, también los niños tienen algo que mostrar y de qué enorgullecerse cuando las visitas ingresan a nuestro hogar. Eso sí, los detalles más finos y artísticos quedaron a cargo nuestro.
En resumidas cuentas, hoy tenemos una esquina rocosa visible desde nuestro living-comedor. Mientras cenamos, podemos ver cómo los niños juegan y rebotan sobre colchonetas. Por breves pero intensos instantes, nos sentimos en las montañas.manchon (11 de 11)

Francisca Hernández

Francisca Hernández

Cursando la fase final del programa de Doctorado en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Casada y madre de 2 hijos pequeños. Deportista desde muy joven, se ha dedicado en los últimos años al running, trail, trekking y montañismo, aventuras que disfruta con sus amigos y su familia.
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