Cuando el universo nos regaló 7 días para explorar Campos de Hielo Sur

Campos de Hielo Sur

Cuando escuché las palabras “Campos de Hielo” por primera vez, se me vino a la mente imágenes de inmensas extensiones de hielo pérdidas en el horizonte azul de la Patagonia, mezclado con envolventes sensaciones de frío y viento rondando mi cuerpo. Pero también pensé de inmediato en un lugar tan sorprendente y maravilloso capaz de elevar mi espíritu a niveles que nunca había imaginado. La verdad nunca pensé que tendría la oportunidad de visitar un lugar así en mi vida. Por lo mismo, tan impredecible como el clima de este lugar fue la invitación que recibí para ser parte de una expedición que tenía como objetivo realizar una travesía por Campos de Hielo Sur para cruzar de Chile a Argentina, surcando esta mole de hielo continental.

Campos de Hielo Sur es un alejado e indómito rincón de la Patagonia, que alberga una de las mayores extensiones de hielo existentes en nuestros días (la tercera más extensa del mundo tras las de Antártida y Groenlandia) y que durante mucho tiempo fue un misterio para el común de los mortales y que gracias a los primeros exploradores que fueron parte de una expedición Argentina en el año 1952, consiguieron el primer cruce este-oeste, marcando la pauta de exploración en esta zona, y que hoy permite abrir este tipo de turismo a nuevos públicos. A cargo del la expedición estuvo la empresa de turismo aventura, Ruta León, quien bajo la dirección de Ana Romero, busca acercar a las personas las mejores experiencias de la región de Aysén, siendo Campos de Hielo Sur, una aventura a nivel mundial. Con el apoyo de Corfo, le dieron forma a este proyecto que no solo busca realizar el cruce, sino que también, documentar la expedición que luego permitirá promocionar este destino en Chile y el mundo. Con esta idea en mente se armó una cordada compuesta por el filmmaker James Alfaro, el fotógrafo Diego Saez, los guías Hugo Castañeda y Chino Torres y la participación de Lissette Navarro, Ana Romero y quien relata esta historia. Con todo listo, el equipo preparado y mentalizados para el viaje, nos encomendamos al destino y la buena fortuna para lograr con éxito la increíble travesía que se nos venía por delante.

Día 1: Villa O´Higgins – Campos de Hielo Sur

Todo comenzó en la alejada localidad de Villa O´Higgins, ubicada a 563 km de Coyhaique, y punto de término de la famosa Carretera Austral. De aquí para adelante ya no existen caminos, por lo que tuvimos que embarcarnos en Bahía Bahamondes y cruzar en bote al otro lado del Lago O´Higgins con la ayuda del capitán Marcus Campo, empresario turístico de la zona y dueño de Campito, una embarcación de primer nivel, diseñada especialmente para navegar por estas turbulentas aguas.

El lago O´Higgins no solo es conocido por ser uno de los más bellos de Chile, por el color turquesa de sus aguas alimentadas por los deshielos de glaciares del Campo de Hielo Patagónico Sur, siendo el más profundo de América y el quinto a nivel mundial, alcanzando los 836 metros de profundidad. También es conocido por su fama de arisco, donde los vientos huracanados se encargan jugar con las olas, como si fueran niños saltando sobre un charco, moldeando el agua a su antojo y exponiendote al poder de sus olas.Campos de Hielo Sur

Por suerte, el clima estaba de nuestro lado y navegamos sin problemas por sus aguas, a excepción de uno que otro salto que agitó el barco y las historias de algunos tripulantes que habían vivido días terroríficos en este lugar, y que no niego, me pusieron algo nervioso. Surcando las olas a toda velocidad, los glaciares se asomaban a la distancia y nos enviaban un comité de bienvenida para tener nuestro primer contacto con el hielo. Maravillosos icebergs flotaban libremente en el lago, esculturas de un color celeste intenso e irregulares formas, digna de ser una obra de arte esculpida por la naturaleza.Campos de Hielo SurCampos de Hielo Sur

Finalmente, y luego de 2 horas de navegación, la embarcación nos dejaba al otro lado del lago para comenzar la travesía a pie a través de un impresionante bosque de coihues y bordeando un pequeño lago colindante al O´Higgins llamado Lago Chico, que contrastaba con el turquesa que veníamos acostumbrado, con un marcado grisáceo, propio de lago que reciben directamente los deshielos. Este tramo no tenía muchas complicaciones y pudimos disfrutar sin problemas de un bonito sendero, rodeados de bosques, mallines y atento a los animales ocultos en el sendero. A medida que avanzabamos, atrás quedaba el lago y frente a nosotros asomaba con más fuerza el imponente hielo. El sol ya estaba apunto de caer y los últimos rayos de luz le daban un toque mágico al paisaje, iluminando el universo de un alucinante tono naranjo y calentando el cuerpo con fugaces destellos. Esa noche decidimos vivaquear en el bosque, aprovechando el buen clima y despedir un gran día bajo un cielo estrellado en la patagonia.Campos de Hielo SurCampos de Hielo Sur

Día 2: Bosque de Coihues – Refugio Piedras Rojas

Despertar en medio de esta naturaleza me inundó de una sensación de regocijo. Por un segundo olvidaba donde estaba y hacia dónde me dirigía, pero rápidamente me caía la teja y me volvía a llenar de adrenalina y emoción. El sol nuevamente nos daba la bienvenida para continuar con nuestra marcha y como siempre comenzamos el día activando el cuerpo con buenos mates y algo de comida para seguir nuestro marcha. Ese día dejamos el bosque atrás, para subirnos a la roca y finalmente montarnos en el hielo.

La preparación para este tipo de viajes no hay que tomárselo a la ligera. Por un lado está la parte física, donde el cuerpo tiene que estar preparado para soportar largas jornadas de caminata, en promedio una 8 horas diarias, en terrenos irregulares que van del hielo a la roca y cargar sobre la espalda pesadas mochilas cargadas con más de 20 kilos de comida, ropa y equipo para al menos 8 días de exploración. Pero como dice un viejo dicho, el éxito en este tipo de viajes es 20% físico y 80% cabeza, y si bien la preparación es clave, creo que es aún más relevante mantener la moral de la cordada siempre alta, sobre todo en los momentos que todo parece irse al carajo. Finalmente, por el solo hecho de pensar lo afortunados que éramos de estar ahí, hacía que la carga y el peso pasará a segundo plano.Campos de Hielo Sur
Uno de los primeros obstáculos en el camino fue el río Pantoja, que desemboca directo en el glaciar y que por suerte traía poca agua, por lo que no fue tan difícil de cruzar. Al otro lado del río fuimos sorprendidos por unos de los animales más maravillosos, pero a la vez más esquivos de la Patagonia, los Huemules. Un comité de bienvenida compuesta por una pareja de estos bellos animales nos observaban con incertidumbre a unos pocos metros, cautelosos de nuestros movimientos. Un verdadero regalo!

Ahora el paisaje era totalmente distinto, roca y hielo combinado en un choque de elementos, donde uno perdura y el otro se va fundiendo poco a poco en forma de agua. Ver esas gigantescas grietas daban la sensación de observar la cara arrugada de un viejo demacrado en sus últimos días de existencia. La piedra era testigo de los días de gloria del hielo, de épocas donde cubría todo a la vista y que hoy solo queda su huella marcada en forma de rasguños en la roca.Campos de Hielo SurCamposCampos de Hielo Surde Hielo Sur_-13
Al rato llegamos al refugio Pantoja, uno de dos domos instalados en el lado chileno de Campos de Hielo Sur, y que son parte de un programa de soberanía impulsado por Conaf. El plan de ese día era llegar al segundo domo, el refugio Piedras Rojas, por lo que continuamos con nuestro camino y por primera vez en el viaje dejar el sendero de piedra atrás, para montarnos de una vez en el hielo. Si bien había tenido algunas experiencias previas en hielo, esto era totalmente diferente, estábamos en un lugar tan remoto, que cualquier movimiento en falso se podría transformar rápidamente en una tragedia. Caminar sobre un terreno totalmente fragmentado, lleno de grietas y formas tan irregulares que mantienen tus sentidos al máximo, atento con cada paso, avanzando con cuidado, siempre pendiente del próximo movimiento y con una constante sensación de nervio en el cuerpo. A veces el hielo se confunde con la piedra, caminas pensando que es roca por su dureza, pero luego te das cuenta que estás parado sobre cientos de metros de hielo petrificado que te permite darle un vistazo al pasado a través de agujeros que se pierden en el negro de sus profundidades.Campos de Hielo Sur
Luego de varias horas de caminata finalmente llegábamos al refugio Piedras Rojas, nombre que heredó del color rojizo de las rocas en donde está emplazado, y que nos regalaba una vista panorámica al glaciar Chico y al colosal cordón GAEA. Así despedimos otro excelente día de travesía, dejándonos maravillar por los colores del atardecer, descansando con una buena cena y el divertido repertorio de anécdotas de montaña que cada uno tenía para compartir.

Día 3: Piedras Rojas – Refugio García Soto

Con las primeras luces del día salían los mates y nos preparábamos para montarnos nuevamente en el hielo, esta vez para continuar y llegar a nuestros próximos destino, el refugio García Soto, creado en el año 2003 por el Instituto Chileno de Campos de Hielo Sur y que hoy está destinado a usos científicos, de soberanía y turísticos. Comenzamos la caminata alrededor de las 10 de la mañana y nos montamos de inmediato en el hielo. Esta parte del glaciar es más difícil de transitar, todo está muy fragmentado, característico de una “zona de tensión” y cuesta avanzar en línea recta.

En el hielo, las distancias se confunden por la inmensidad del lugar, no hay avance rápido o lento, solo avance. Lo que parece cerca, es solo una ilusión y no queda otra que agachar la cabeza y caminar. Entre tanta soledad, uno empieza a percibir sonidos y sensaciones opacadas por la vida en la ciudad, como escuchar el paso del agua que recorre estos callejones de hielo en forma de río y cae en las grietas en forma de cascadas o el sonido quebradizo de cada pisada sobre este hielo molido. Estar aquí te hace olvidar la nostalgia del pasado, la angustia del futuro y disfrutar el placer del presente a través de sonidos, aromas, la respiración, el tacto del viento y el silencio más puro sin alteraciones.

Habiendo avanzado unos 7 km. ya estábamos cerca del refugio, el que estaba escondido sobre las lomas de una ladera de roca. Hace un rato el paisaje venía siendo el mismo pero de pronto todo cambió. Una fuerte emoción invadió todo mi ser al divisar a lo lejos el mítico cerro Fitz Roy, cubierto de un techo de blancas y grises nubes, un cielo de fondo de azul intenso e iluminado magistralmente como el personaje principal de una obra.
También llamado cerro Chaltén por los antiguos tehuelches que significa «montaña humeante», debido a las nubes que constantemente coronan su cima, tenía frente a mí a uno de los cerros más famosos del mundo, observándolo desde un punto de vista totalmente privilegiado y exhibido en todo su esplendor junto a este conjunto de cumbres entre las cuales destacan el famoso Cerro Torre, la aguja Egger, Standhardt y el Poicenot entre otros. Al hacer un barrido con la mirada, grandes cerros también asomaban en el horizonte como el Mariano Moreno, Gorra Blanca, Marconi y por supuesto la inmensa pampa de hielo que cubre todo hasta perderse en el horizonte. Campos de Hielo Sur
Desde aquí la vista se pierde en el blanco, la nubes se fusionan con el suelo y juegan con tu percepción. Estos lugares traen de vuelta la emocionante experiencia de volver a maravillarse de las cosas, un bien cada vez más escaso en la vida actual. Estamos tan acostumbrados a todo que ya nada sorprende.  Traer de vuelta esa sensación es algo emocionante, una de las fuerzas más potentes de la vida y que solo este tipo de lugares son capaces de traer de vuelta. Ya instalados en el refugio, daba gracias por el buen clima que habíamos tenido hasta aquí, pero que a al vez me inquietaba un poco, ya que recordé un viejo proverbio Mapuche que hace alusión a que nada dura para siempre y que no hay que confiar mucho de los prolongados tiempos de buena fortuna. En un lugar como este, los días de sol y poco viento se pueden transformar rápidamente en una tormenta de viento, lluvia y nubes que arrasa con todo a su paso. Habiendo pasado la noche ahí, el cuarto día lo usamos para descansar, disfrutando de un día de refugio junto a los amigos, buena comida y muchas historias de montaña.C:DCIM100GOPROGOPR1955.GPR Campos de Hielo Sur

Día 5: Refugio García Soto – Circo de los Altares.

Como dicen en la Patagonia, hemos tenido “buena sombra” durante el viaje y  los gauchos se lo atribuyen al buen clima que el monte regala al baqueano que se adentra con buenas intenciones en la cordillera, y las energías del grupo así lo demostraba. Con el sol nuevamente como guardián, comenzamos el quinto día rumbo a uno de los destinos más emocionante de nuestro viaje, el famoso Circo de los Altares, ubicado a 8 km. del refugio y que sería una misión de un día para otro, para luego volver nuevamente al García Soto.

A diferencia del hielo desfragmentado y uniforme que veníamos recorriendo, esta vez nos adentraríamos de lleno en una gigante y extensa pampa de hielo, en una ruta que aparentaba ser más fácil de transitar. Estábamos totalmente equivocados. A nuestro costado, íbamos bordeando el cordón Marconi, un cerro que en un comienzo ignoré bastante, pero que a medida que avanzamos me fue impresionando cada vez más. Hermosas paredes de rocas rojizas y grisáceas en perfecta armonía con el hielo y el roce suave de las nubes sobre su cima.campos de hielo
Ya de lleno en la pampa, el hielo se ve más uniforme, como una alfombra gigante que se dejaba avanzar. Muchas veces vas con la mirada pegada al suelo, concentrado en el paso y la respiración y al momento de levantar la cabeza el paisaje te muestra una nueva faceta, una que siempre sorprende y te hace alucinar. Avanzamos tranquilos sin saber que nos acercábamos a la parte más peligrosa de la expedición, donde uno de los mayores peligros se escondía sigilosamente bajo nuestras narices.

Al estar haciendo esta travesía a finales de marzo, estábamos en lo que llaman “temporada seca”, donde pequeñas costras de nieve cubren ligeramente el suelo, como un delicado glaseado sobre una torta, escondiendo gigantescas grietas en las que cualquiera de nosotros podría caer en cualquier momento. Por lo mismo tomamos la decisión de encordamos y de esa forma asegurar el paso del equipo para no caer en estas mortales trampas de hielo. Pasamos varios sustos, pero la cuerda hizo bien la pega y no pasó a mayores, dejando solo una que otra anécdota de cómo casi nos perdíamos en esos abismos azules.Campos de Hielo Sur
Pasamos de una caminata recta, a una zig zag infinito, donde el líder de la cordada iba con cuidado enterrando el bastón en la nieve, buscando las grietas y evitando pasar sobre ellas. Lo que sería una caminata de 6 horas, se transformó en 9 lentas y agotadoras horas.

Entre tanto blanco, el celeste del cielo es una de las cosas que con más emoción recuerdo, colores y tonalidades que solo la naturaleza había sido capaz de mostrar.

Finalmente llegamos al mítico Circo de los Altares, protagonizado por el imponente cerro Torre y sus compañeros Egger, Standhardt y la Trilogía Pachamama entre otras, que le daban forma a este maravilloso anfiteatro de roca, granito y hielo. Con el cuerpo agotado, pero el espíritu por las nubes, aprovechamos los últimos instantes de luz para sentarnos y contemplar tan maravilloso paisaje, donde en un abrir y cerrar de ojos, una luz proveniente de otro mundo iluminó este escenario de ensueño y nos regaló un instante de uno de los atardeceres más increíbles que haya visto.Campos de Hielo Sur
A medida que oscurecía levantamos el campamento sobre el hielo y con unos buenos mates esperamos que cayera la noche. Cuando la oscuridad se apoderó del lugar, y sin previo aviso, escuchamos una tronadura que nos puso los pelos de punta y que por un instante dió la ilusión de que una avalancha de rocas caía sobre nosotros. Uno tras otro, estrepitosos sonidos inundaron el valle con un gran poder sonoro en una sinfonía de hielo en choque con la roca. Todo este espectáculo se debía al desprendimiento de los serac, gigantes trozos de hielo en caída libre sobre los cerros y que hacían retumbar el circo amplificando el sonido a toda su potencia. Como si fuera una especie de canción de cuna para gigantes, aquellas tronaduras fueron nuestras compañeras durante toda la noche.

Día 6: Circo de los Altares – Refugio García Soto

“Circo de los Altares despejado es solo para benditos” fue lo que me comento un amigo ya de vuelta en mi hogar en Santiago luego de haberle contado lo vivido ese día. Apenas el brillo del amanecer comenzaba a iluminar la carpa abrí un ojo y asome mi cabeza para ver que tal el día. Un cielo totalmente despejado me hicieron saltar de mi saco para poder contemplar la salida del sol en todo su esplendor ya que quizás, sería la primera y última vez que tendría la oportunidad de observar un amancer en este recóndito lugar. Calenté algo de agua y con la compañía de unos buenos mates me senté a esperar la salida del sol. Antes que el gigante amarillo asomara sobre las cumbres, sus rayos luminosos encendían las nubes sobre el Cerro Torre creando por unos segundos una extraña sensación de fuego sobre los hielos eternos de la Patagonia, como una especie de teloneo antes del espectáculo principal, la gran salida del sol. De un segundo para otro, un destello se escapó entre la roca y el calor de su luz empezaba a reanimar los fríos cuerpos de los que contemplábamos anodadados tan exclusivo espectáculo de colores rojos, azules, rosados, naranjos, blancos y celestes, transformando ese momento en uno de los más memorables de nuestro viaje.Campos de Hielo Sur
Con todo el circo cubierto de luz, levantamos el campamento con la calma, le inyectamos energía al cuerpo con un buen desayuno y emprendimos el camino de vuelta al refugio García Soto por el mismo lugar por el que llegamos, esta vez fluyendo mejor que el día anterior gracias a que ya habíamos tanteado el terreno. Durante el sexto día de nuestro travesía, el cansancio, los dolores y algunas heridas producto de las ampollas producidas por la caminata se manifestaban como una prueba a la moral del equipo, que con gran esfuerzo había logrado llegar hasta este alejado rincón de la mundo, pero que claramente eran superados por la emoción y alegría de todo lo que habíamos experimentado.

Hay un dicho que dice, “ si quiere ver celeste, que le cueste” y efectivamente así era. No había sido fácil llegar aquí, pero cada paso había valido la pena.

A lo lejos, 4 siluetas negras pérdidas en el blanco anunciaban a otro grupo de exploradores errantes en esta pampa de hielo. Recuerdo que esa imagen fue como un cachetada sobre mi ego, mostrándome lo insignificantes que somos frente al universo. Tanta belleza conmueve, pero a la vez asusta, no somos más que unos granos mas de hielo, simple polvo de estrellas. Solo basta un soplido para ya no estar más. Ya de vuelta en el García Soto, y con el atardecer sobre nuestras espaldas, aproveché las últimas horas de luz para sentarme y contemplar uno de los mejores cuadros que la naturaleza se había encargado de pintar para mí y que ahora guardo como uno de mis tesoros más valiosos.campos de hielo

Día 7: García Soto – El Chaltén.

Dicen que el séptimo día Dios creó el mundo, y todo lo que vivimos, seguro fue como él se lo habría imaginado. Naturaleza en armonía con el hombre. Estábamos en uno de los lugares más hostiles del planeta, pero sin embargo, habiendo recorriendo durante 7 días con la compañía de interminables días de sol y uno que otro soplido del viento. Para los que conocen Patagonia, saben que esto es algo poco usual y por lo mismo no podíamos haber estado más agradecidos de la dosis de suerte con la que fuimos bendecidos.

Alrededor de las 11:00 de la mañana emprendimos nuestro camino de vuelta rumbo al Chaltén. El Fitz Roy a la derecha y el Gorra Blanca a la izquierda fueron nuestro comité de despedida de esta sobrecogedora nación de hielo que nos recibió con los brazos abiertos y dispuesta a mostrarnos lo mejor de sí. A las dos horas llegamos a la frontera entre el hielo y la roca, dejando atrás lo vivido pero trayendo de vuelta una inmensa cantidad de recuerdos. De pronto todo el paisaje muto en roca, inmensas cantidades desparramadas en todo el horizonte, de incontables formas y colores, sobre pintadas por ríos de agua proveniente del deeshielo y acumalda en pozas de agua. El paso de salida llevaba el nombre del “Lagunas de los 14” una hermosa piscina de agua color turquesa del mismo nombre.Campos de Hielo Sur
Una de las cosas que mas me gusto de este sendero fue poder contemplar muchas de las caras y perspectivas del Fitz Roy, esquivo a desaparecer detrás de la roca y siempre visible durante toda la caminata, como un gigante vigilando a cada caminante que atraviesa por su territorio. Luego de un par de horas bajando junto al río Marconi, llegamos al Valle Eléctrico, nombre otorgado por el lago del mismo nombre y que nos mostraba en el horizonte la puerta de salida de nuestra travesía. Ya de noche y celebrando la experiencia vivida, llegamos al camping Piedra del Fraile donde festejamos con una cerveza, no tan helada, pero con gran sabor a victoria, una de las mejores experiencias de nuestras vidas.

Fotos por Diego SáezJames AlfaroRodrigo Matus

Rodrigo Matus

Rodrigo Matus

Fundador wkndheroes.com
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