Documental “El Guardián del Valle” – La hazaña de El Plomo en bicicleta

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El Plomo es una montaña que se eleva 5424 msnm, se ubica en el corazón de la Región Metropolitana y es visible desde varios puntos de Santiago, por lo que entra en la lista de cerros a visitar de montañistas y aficionados. Es fácil de reconocer, mirado desde la capital se aprecia el glaciar que lo atraviesa desde su base hasta casi su cumbre.La cultura Inca lo consideraba un Apu, una divinidad, y adquirió una connotación religiosa debido a que a su alrededor nacen los ríos Cepo y Mapocho. Por ello El Plomo se convirtió en una zona de sacrificio incaico. El 1 de febrero de 1954 los arrieros Luis Gerardo Ríos y Jaime Ríos hallaron en su ante cumbre (5430 msnm) un niño modificado que se estima fue llevado hasta el lugar en el siglo XV. La momia estaba abrigada por una pirca, a su alrededor habían figurillas de oro, plata y cobre. Después de haber puesto esta montaña en contexto viene la acción. En noviembre del 2016 el doctor, a.k.a Pablo Azócar, me invitó a participar en el proyecto de unos cabros que querían subir El Plomo en bicicleta y bajar hasta la curva 1 del camino a Farellones. Mi misión sería filmar la travesía junto a ellos hasta la cumbre. Sonaba bien porque también tendría que ir en bici. Quedé ansioso y con ganas de sumarme. Un mes después se juntó el equipo y pude conocer a todos. La crew que haría el ascenso en bici estaba compuesta por Max Vignau, Pato Goycoolea, Santiago Perez, Julio Hochschild y Thomas Samsing. En logística nos acompañaría Camilo Bruna y Cristóbal Bate. En tanto, la filmación iba por parte de Pablo Azócar y yo, James Alfaro.

plomo21Estaba feliz, iba al cerro con puros maestros. A todos los conocía porque alguna vez los tuve que grabar o entrevistar años atrás, o había escuchado de sus proyectos deportivos. Más contento estaba porque me habían considerado para la misión de subir con ellos. En la reunión se fijó del 13 al 16 de enero de 2017 como fecha para la expedición que llevaba por nombre “El Guardián del Valle”. Desde la reunión hasta la fecha del pegue estaba ansioso, sólo quería ir. Empecé a entrenar mucho. En diciembre tuve que trabajar en la Patagonia, subí el Cerro Castillo y después hice el trekking de las Torres del Paine. Ambas misiones muy físicas. Ya en Santiago retomé la bici y no me bajé de ella hasta enero. Una semana antes de la fecha acordada, fui a El Plomo para aclimatar y ver los tiros de cámara que haría esos días. Quedé satisfecho porque hice cumbre, físicamente anduve bien y localicé los spots para filmar. Antes de ir me enteré que voy a ser papá. Qué más les puedo decir, la felicidad y motivación para seguir con estos proyectos creció. Imaginen, pensar que la Nico, mi polola, leerá esto a nuestro hijo en unos años más me llena de emoción.Content-banner-INVIERNO

El jueves 12 de de enero partió la aventura. Cargamos las camionetas con bicicletas, carpas, piolets y equipo de montaña. ¿Imaginan una mochila de expedición con un piolet y un casco integral amarrados juntos? Se ve loco. Esa noche dormimos en La Parva, al otro día la caravana partió a Tres Puntas, Valle nevado, donde nos esperaba un arriero con cuatro mulas que llevaría carpas, domo, sacos de dormir y comida hasta el campamento Federación, base de El Plomo. Braaap! partió el pedaleo en Tres Puntas. Salí primero que los chicos para filmar el inici de la expedición. Nos comunicamos a través de radios para dar las partidas y que fluyera bien el trabajo. Azócar grababa el “drop” y yo planos generales contextualizando que estábamos en el “big mountain”. La primera sección fue bajada corta y luego pedaleo en subida. Comenzamos con la bici al lado, pero en las secciones que vi que se podía pedalear me subí a la cleta. Además, vi que Santi Pérez y Pato Goycoolea se pusieron a pedalear y también quise. Estábamos a 3500 msnm aproximadamente, se notaba un poco la altura al momento de pedalear. La respiración se sentía diferente.

plomo22 plomo15Terminando este primer tramo apareció El Plomo, majestuoso, despejado y desafiante. Desde allí, antes del Campamento Piedra Numerada, filmamos algo, soltamos los frenos y emprendimos rumbo a Federación. Anduvimos algunos kilómetros de bajada y después sólo subida con la bici al lado. La vista era hermosa, pasamos junto a una cascada del río Cepo que mantenía nieve acumulada. No se podía pedalear porque el terreno tenía demasiadas piedras y tierra suelta, si bien es cierto a ratos no tiene mucha pendiente, el pedaleo se hace difícil así que seguimos en formato trekking.

Pasado tres horas llegamos al campamento base y comenzamos a armar las carpas. El escenario era nuevo, pensaba en lo genial que se veían los planos ya que habían carpas, mulas, grandes montañas y bicicletas. Ese día, viernes 13, nos sirvió para aclimatar y fortalecer el grupo. Sin duda esto fue clave, todos empezamos a interactuar más y agarrar confianza. Chistes e historias iban y venían. Mucha buena onda y motivación había en el ambiente. Armamos un domo en el que comimos e hicimos vida de campamento. Entre todos cocinamos, buscábamos agua y repartimos tareas. Por otro lado, el doctor Azócar filmaba todo en formato docureality. Por mi parte, grababa ambiente y paisajes, pero el doc me decía que guardara mis baterías y fuerzas para el día del ascenso. Sin embargo, Santi Perez no aguantó las ganas de andar en bici y caminó hacia arriba de la olla, viendo una buena línea de freeride en una canaleta que caía arriba de ésta. Santi hizo su bajada robándose la atención del campamento completo, y demostrando que no estábamos sólo jugando con las bicicletas en el cerro. Cayó la noche y la montaña nos regaló tremendo cielo estrellado.

plomo17 plomo20Al otro día, sábado 14, el plan era aclimatar y arreglar el equipo para atacar cumbre la madrugada del domingo. Pero las ganas de querer explorar llevaron a Santi, Thomas y Pato a caminar hacia unas líneas de freeride que estaban a los pies del cerro Leonera, y habían mirado durante mucho rato. Entonces, con el doctor agarramos nuestras cámaras, buscamos buenas ubicaciones y grabamos las líneas. Los chicos andaban en busca de canaletas, bajadas trabadas y nieve. Lo hicieron, dando nuevamente un espectáculo a Federación. Después de la sesión realizamos el porteo de las bicicletas hacia lo alto de la olla, entre el campamento base y el refugio Agostini. Se discutió la hora para empezar el ascenso, se fijó las 4 am para realizar el ataque a cumbre. La noche estaba despejada, pero corría muchísimo viento. Las carpas se levantaban y perdían la forma.

4:20 am del domingo 15, los “Guardianes del Valle” estaban listos, abrigados con parcas de pluma, gorros de lana, buffs, pantalones de montaña y comida para el día. Por mi parte, quise ir lo más liviano posible y no sé, ya había estado dos veces antes en El Plomo, me sentía cómodo y quería hacerlo con estilo. Me “abrigué” con un jeans negro ajustado, que es el pitillo con que ando en BMX, primera capa, chaqueta sintética y corta viento. En la mochila portaba la cámara, seis baterias, dos lentes, un micrófono, trípode, algo de comida, casco integral y los crampones. En tanto, el doctor subió a la cima de la olla, justo al lado de la laguna del cerro, de esta manera podría registrar el ascenso completo. Una vez montados en la olla agradecimos haber subido las bicicletas el día anterior ya que viento seguía soplando muy fuerte y pudimos avanzar rápido hasta recogerlas. Una vez con las bicis comenzamos a caminar con ellas al lado, pero al poco avanzar la montaña empezó a elevarse y la pendiente hizo difícil el avance, así que nos pusimos las bicicletas al hombro. A las 7 am llegamos al refugio Agostini, allí nos hidratamos, comimos y evaluamos la condición física de cada uno, desde ese punto queda mucho para la cumbre y lo que venía era pesado. Junto a nosotros iba Camilo Bruna y Cristóbal Bate, quienes apoyaban al grupo y auxiliarían a quien no se sintiera bien.

plomo16Siguió el ascenso y empezó la parte más dura (según yo), pues saliendo de Agostini comenzamos a ganar altura por un sendero de tierra suelta que a ratos se transforma en acarreo. A eso sumamos la bicicleta al hombro que con el fuerte viento funcionaba como una vela, haciendo perder el equilibro y exigiendo más físicamente. El día estaba despejado, el sol ya estaba saliendo, los matices de color en el cielo estaban entre naranjo y azul. Hacía el Cajón del Maipo se divisaba la silueta de grandes montañas como el volcán Marmolejo, Tupungato y Tupungatito. El viento seguía fuerte y helado, los tímidos rayos de sol poco calentaban, sólo había que moverse para seguir con el cuerpo caliente. A ratos parábamos para esperar al resto del grupo, eso era terrible porque el cuerpo se enfriaba rápido, pero a la vez buen momento para filmar y recoger testimonios de la expedición. Terminando esta dura sección comenzó la recta que nos lleva a la otra cara de El Plomo, nos conecta con la pirca Inca y glaciar Iver. Fue aquí donde Julio Hochschild decidió bajarse de la misión, pues físicamente no estaba bien y no quería que los demás bajaran su ritmo. En mi opinión es una decisión difícil y valiente. Cristobal Bate se quedó con él y lo acompañó en su descenso. En este punto la altura ya hacía lo suyo y se sentía al momento de respirar.

Una vez en el glaciar nos pusimos los crampones y cruzamos hasta la última sección. En teoría quedaba poco, pero la altura y bicicletas al hombro agregaban un grado de dificultad. Después de haber grabado a los “guardianes del valle” cruzando el glaciar me quedé atrás del grupo con la intención de filmar desde lejos esta última recta antes de la cumbre. Junto a mi se quedó Max Vignau, que venía fatigado y ansioso. Sinceramente creía que Max no llegaba, pero me sorprendió su cabeza y ganas de terminar bien la expedición. Lo acompañé un rato, caminamos juntos algunos minutos, pero tuve que meterle chala y alcanzar a los demás para grabar lo último. En la última pirca estaba el resto del grupo, Santi, Pato y Thomas. Esta parte está compuesta por tres lomas que hacen el efecto de falsa cumbre. Aquí me adelanté para grabar la llegada de los protagonistas a la cumbre.

plomo12plomo10Seis horas demoramos hasta la cumbre. En la cima me emocioné, la vista es hermosa. Hacia el norte se ve el monte Aconcagua que años atrás tuve la posibilidad de subir con un buen amigo. Hacia el sur se apreciaba el Cajón del Maipo y glaciares en su inmensidad. Lo primero que se vino a mi cabeza fue mi polola e hijo, la energía de estar con una bicicleta en la punta de un Apu fue algo indescriptible que dedique a ambos. Me emocioné. Por radio me avisaron los “guardianes” que Max había llegado y estaban listos para llegar a la cumbre, así que monté el trípode y cámara. Los chicos llegaron muy emocionados, Santi y Thomas levantaron sus bicis en señal de victoria. Max también levantó la suya y dio un grito que se debió haber escuchado hasta Plaza Italia. Había mucha emoción y esfuerzo sobre esta cumbre. Nos dimos un abrazo entre todos, pero esta sólo era la mitad, pues aún faltaba lo mejor: el descenso de El Plomo en bicicleta. Agradecimos a la montaña por regalarnos tan lindo momento y comenzamos a bajar. Pasado las tres lomas que protegen la cumbre nos separamos ya que me adelanté para grabar el descenso. Aprovechamos de avisar al doctor que nos fue bien, pues perdimos comunicación con él porque las radios no agarraban su señal en la cumbre.

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Tres, dos, uno ¡Drop in! Los primeros en bajar fueron Pato y Thomas, la primera sección era trabada y las bicicletas estaban extrañas. Por la presión del aire los neumáticos estaban como palo y las suspensiones rígidas. Luego fue el turno de Santi y Max que buscaron una línea más estricta de freeride y bajaron fuerte y derecho hacia la cámara. Ya en el glaciar, con Pato y Max cruzamos andando en bicicleta, mientras que Thomas y Santi tomaron el nevero desde una sección más alta y se tiraron de cabeza sin tocar el freno. Sin duda lo más épico que he filmado en mi carrera. En este punto nos re agrupamos y discutimos qué filmar. Lo de los “guardianes del valle” sin duda era el freeride. Nuevamente me adelanté, esta vez hasta el refugio Agostini. Desde el glaciar hasta el refugio demoré diez minutos. Nada. Una vez listos para grabar el doctor y yo, los cabros se tiraron de a dos realizando líneas similares al ski o snowboard. Desapercibidos no pasaron, lograron robarse la atención de los demás andinistas que a esa hora bajaban desde lo alto. En Agostini nos esperaba Julio y Cristóbal. La sonrisa no les caía en la cara, nos contaron lo impresionante que se veía desde allí la bajada de cada uno.

Aquí se re agrupó la crew, se sumó Julio y se hizo el descenso hasta Federación. A las 14:30 horas llegamos al campamento, allí nos esperaba el arriero que debía llevarse las cosas de vuelta a Tres Puntas. Estaba algo molesto el hombre porque demoramos media hora más de lo presupuestado, pero nada que con buena onda no se arreglara. En 20 minutos desmontamos las carpas y domo. Desde allí siguió la diversión y bajamos sin parar, grabando a ratos eso sí, hasta Piedra Numerada. Desde allí quedaba poco, una hora más caminando con la bici al lado y se terminó el pegue a El Plomo. Esa misma noche acampamos en Laguna Piquenes, La Parva. Nos esperaban cervezas y asado. Hicimos una fogata para compartir emociones, risas y la experiencia de haber hecho cumbre a un cerro de 5424 metros en bicicleta.

El lunes 26, la misión terminaba con más descenso. Ese día filmamos la conexión del Bikepark de La Parva con el clásico Parvazo y la curva 1 del camino a Farellones. Es impresionante como el cuerpo y mente reaccionan a los estímulos. Estuvimos cuatro días pidiéndole y supo responder. En lo personal la sensación es de alegría. Me cuesta creer que este sea mi trabajo y lo pueda desarrollar con personas que considero íconos deportivos, poder pararme en la montaña junto a ellos de igual a igual y ser uno más de la expedición. No me queda más que agradecerles la confianza en mi trabajo. Imagínense, bicicletas, cámara y montaña. ¿Se puede pedir algo más? Lo más importante es agradecer a mi polola e hijo que siempre tuve presente, ellos me entregaron la motivación y ganas de hacerlo. Me emociona pensar que en unos años más mi hijo verá el video de “El Guardián del Valle” y sabrá que su papá y un doctor lo filmaron.

Muy pronto estrenaremos el documental “El Guardián del Valle”, mientras tanto aquí les dejamos un adelanto de lo que se viene

Guardián Del Valle [teaser] from Pablo Azocar on Vimeo.

James Alfaro

James Alfaro

Periodista, fotógrafo y entusiasta de los deportes de aventura. Siempre ligado a la bicicletas y las montañas, hace un tiempo deicidio dejar su trabajo de escritorio y dedicarse de lleno a lo que lo apasiona, ser independiente, viajar y filmar sus aventuras, ya sea haciendo enduro sobre su bicicleta o recorriendo las montañas sobre una tabla.
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