El Cajón del Peñon, la joyita escondida de la V Región

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Se puso tan helado que la cascada se congeló. Tal como ella, otros tres torrentes más quedaron inmóviles. El clima inhóspito se encargó de cortar la fluidez del agua y de contrariar, por unos momentos, a la ley de gravedad. El cúmulo de gotas quedó estático, incapaz de caer, imposibilitado de tocar el suelo: estalactitas y más estalactitas por doquier. En ese paraje petrificado por el frío, acampamos dos noches.

UN RECORRIDO CON SOBRESALTOS
El Cajón del Peñón queda en la V Región de Chile, camino al cruce a Argentina por el Paso Los Libertadores (Ruta Internacional a Mendoza CH-60). El valle está coronado al fondo por el magnífico cerro Gloria (4.479 msnm), aunque a sus alrededores destacan otros grandes colosos como el cerro Bastión (4.658 msnm) al oeste y el cerro Juan Olmos (4.340 msnm), curiosamente olvidado por los andinistas (cuenta con muy pocas ascensiones). Pero para llegar al Gloria, el camino es largo: primero, es preciso aproximarse en auto hasta el Estero el Peñón (unos 6 km pasado el control de Guardia Vieja), luego hay que avanzar unos 2,8 km por un camino de tierra que se interna por el cauce del estero y recién entonces, junto al canal de una central hidroeléctrica, puede comenzar la caminata propiamente tal.
En total, el recorrido desde el sitio de estacionamiento hasta la catarata congelada que adorna las faldas del Gloria debe ser de unos 7 u 8 km. El desnivel también resulta importante para calcular el esfuerzo físico, puesto que los autos quedan a una altura aproximada de 2.000 msnm y el sitio adecuado para desplegar las carpas se ubica a unos 3.000 msnm.segundo-cruce-de-rio

DECIDIR, DECIDIR, DECIDIR
Ahora bien, el trayecto mismo hasta el campamento no es del todo sencillo. Para organizar la aproximación, dividimos las responsabilidades entre algunos de los miembros de nuestro equipo. Un primer integrante (Luis) se hizo cargo de la primera parte; luego me tocó a mí guiar la segunda porción del camino y, finalmente, un tercer compañero (Cristopher) se encargó de liderar el tramo final. Este orden en el modo de abordar la tarea resultó natural, puesto que el Cajón del Peñón, podríamos decir, presenta divisiones. El segmento inferior (próximo al camino de autos, abundante en vegetación del tipo matorral y manadas de vacas y caballos) está separado del segmento superior (donde ya hay puras rocas y vegetación de alta montaña) por un ancho y alto farallón de rocas. Por éste caen, a su vez, dos o tres cataratas de unos 20-30 metros con un mayor o menor flujo de agua que depende de la estación del año. Así, a cada rato hay que elegir: avanzar por aquí o por allá, dirigirse por tal o cual pendiente, cruzar el estero aquí o más allá. En efecto, el montañismo es una actividad que implica una constante toma de decisiones. El desafío se enfrenta, por lo tanto, con una estrategia.
Ninguno de nosotros había estado antes en el lugar. Por eso, nuestra aventura no sólo era física, sino que involucró, también, mucha cabeza. Luis, nuestro primer líder, se preparó muy bien para la excursión. Se informó cuanto pudo; trajo mapas consigo y descripciones extraídas de internet. A la cabeza del grupo, nos llevó río arriba, eligiendo —entre las múltiples huellas de animales— el sendero correcto. Luego, llegados a un cierto punto, cruzamos el estero que provenía de las cascadas. Conforme a los consejos y advertencias de Luis, continuamos ascendiendo por la ribera oeste. Tras unas dos horas de marcha, nos vimos ante la tarea de encontrar un paso específico para poder remontarnos de un valle al otro. Y entonces me tocó a mí ejecutar el rol de guía.aproximacion-hasta-primer-farallon-3

EL PASO ESCONDIDO
El desafío no era fácil: desde nuestra posición —diminuta en comparación a las grandes formaciones geológicas— sólo veíamos un “muro” continuo, aparentemente imposible de vadear o sobrepasar. Fue entonces cuando me adelanté y comencé a recorrer la base de la pared, rastreando cualquier indicio que apuntara a la existencia de algún canalón o una quebrada oculta ante un par de ojos inexpertos. ¿Habría dejado alguien, alguna vez, una huella, un monolito, una cuerda por ahí…? ¿…una pista, una señal del camino a seguir?
—Yo creo que es por acá— gritó entonces un chico de nuestro grupo. Se encontraba varios metros más atrás. Giré sobre mis talones y seguí con la mirada la dirección en la que apuntaba su mano. En efecto, a su derecha se abría una fisura, pero no me inspiró confianza: era estrecha, abundante en tierra suelta y sin el debido resguardo ante el abismo. Un escalofrío me recorrió la espalda.
—No—, respondí. —Sigamos buscando.
—¿Segura?
—Sí, segura.
Mi intuición me guio por otro lado. Seguí tanteando terreno, aproximándome cada vez más a la primera de las cataratas. Ya casi sentía el agua que se precipitaba rugiendo por la gran pared de roca. De pronto, tuve una corazonada. Caminé un trecho más, subiendo entre piedras, pastizales y tierra suelta, y vi una huella de perro.
—Yo no creo que sea por aquí. Creo que debemos volver, creo que… —empezó a decir alguien detrás mío.
—¡Aquí es!— Chillé entonces. —¡Por aquí!
Luego hice grandes señas con los brazos para que todos me vieran. Ante la euforia, perdí el control del timbre de mi voz.
—¿Aquí? ¿Y por qué aquí?— Preguntó alguien.
—Pues porque… porque…
¿Qué iba a decir? ¿Acaso una simple huella de perro era el signo del éxito? ¿Qué tal si no era más que la pisada de un quiltro vagabundo? Miré rápidamente a mi alrededor. Y entonces… eureka! Un montón de piedras apiladas.
—¡Un mojón!
En efecto, el signo humano apuntaba a algo: al costado de la catarata se abría, de pronto, una gran quebrada usualmente disimulada por las sombras proyectadas por las grandes rocas en derredor. Por ese paso húmedo y oscuro, en medio del farallón, justo entre dos cataratas, continuamos la marcha. Sin el descubrimiento de este sendero empinado, adornado por acarreos, no habríamos logrado alcanzar el acceso al segmento superior del Cajón.tras-lograr-el-paso-2

EL CAMPAMENTO
Tras ganar altura y dejar el paso atrás, fue Cristopher quien se encargó de dirigirnos hacia los pies del Cerro Gloria y elegir el sitio adecuado para acampar. Siguiendo sus pasos, nos aproximamos nuevamente al río (el mismo que después caía como cascada). Cristopher encontró el punto adecuado para que cruzáramos las gélidas aguas sin tambaleos, saltando de piedra en piedra. Fue entonces cuando nos detuvimos, brevemente, en medio del jadeo. Las mochilas (más de 25 kg la mía, con una carpa cuatro estaciones para 3 personas en su interior, además de ropa y comida) ya se estaban haciendo notar, por lo que Luis y yo apoyamos nuestro equipo contra alguna roca y tomamos un respiro. Pero Cristopher nos envalentonó, para continuar.
—¡Falta poco!
Proseguimos nuestro sendero por un terreno rocoso con una leve pendiente hasta el espacio relativamente plano donde es posible montar con comodidad una decena de carpas.
—¡Aquí creo que estaremos bien!— Afirmó Cristopher. Luis asintió y con su visto bueno fue suficiente. Entonces dejé caer mi pesada mochila al suelo y descansé un rato. Mientras tanto, los otros chicos, de manera muy ordenada y diligente, comenzaron de inmediato a aplanar el terreno (despejando la zona, corriendo las rocas filudas y escarpadas) para armar las tiendas.
Una vez cumplida la tarea, Luis me ayudó a mí a armar mi carpa y Cristopher regresó un trecho por el camino para asistir a otra integrante del grupo con su pesada carga. Una vez que llegaron todos, calentamos agua y compartimos una taza de té. Allí, lejos de la carretera y de la vida urbana, nos dispusimos a gozar de la inmensidad de los Andes.sector-carpa-5

MIRANDO HACIA LO ALTO
El campamento está separado del Gloria por un segundo farallón de rocas y sus cascadas congeladas en esta época de año. Así, para alcanzar su cima, se vuelve preciso ascender otro tanto por acarreos y canalones con hasta 40° de inclinación. Esto fue lo que intentamos al día siguiente: rodeamos la pared de roca y hielo para subir por la izquierda hasta alcanzar la seguridad de una amplia meseta, ubicada a unos 3.400 msnm. Aquí, salvo algunas flores andinas (como la perezia) y montones de vegas, ya casi no hay vegetación.
Sin embargo, en esta ocasión no pudimos hacer cumbre. La ruta hacia la cima —si bien no presentaba mayores dificultades técnicas— nos habría tomado demasiado tiempo (unas 5-8 horas, según consultamos en internet). Además, el clima nos lo impidió. Una gruesa capa de nubes cubrió la bóveda celeste y depositó su nieve en lo alto. Si bien estábamos equipados con los elementos básicos para montaña, no contábamos con crampones, por ejemplo, ni polainas o pantalones Gore-Tex. Por lo tanto, la voz de la prudencia fue la que mandató, en esta ocasión, a dejar la conquista final para otra ocasión. Pues tampoco el tercer día fue más auspicioso: también amaneció invernalmente nublado. Pero esto no fue motivo de congoja. Sin duda, el cerro Gloria nos seguirá esperando, como ya hace milenios.
Fue así como el Cajón del Peñón nos mostró su encanto, pero también nos enseñó una serie de otras lecciones: primero, a respetar que cada acción cuenta con su momento oportuno; segundo, que el montañismo no consiste sino en una constante toma de decisiones, lo que inculca un sentido especial de responsabilidad ante la elección hecha; tercero, que los objetivos se cumplen de mejor forma cuando la estrategia es conjunta, es decir, cuando el grupo colabora y los integrantes se ayudan mutuamente.Cajon-del-Gloria-1Catarata-Congeladacerro-bastion-al-fondo.-En-la-meseta

Francisca Hernández

Francisca Hernández

Cursando la fase final del programa de Doctorado en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Casada y madre de 2 hijos pequeños. Deportista desde muy joven, se ha dedicado en los últimos años al running, trail, trekking y montañismo, aventuras que disfruta con sus amigos y su familia.
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