Familia y trekking: una amistad posible

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Son muchas las parejas que, al convertirse en padres, abandonan los planes de realizar excursiones. Lejos de la frustración, este artículo relata la experiencia de una familia que sigue el llamado de la aventura y entrega, de paso, algunas recomendaciones.

¡Sí se puede!

Con nuestros niños hemos recorrido desde el Norte de Chile hasta Tierra del Fuego. Las fotos familiares más lindas que tenemos se deben a estos momentos, como cuando llegamos a la Laguna Torre, en la Patagonia argentina (ver relato acá), o cuando recorrimos los valles interiores de la IV° región de Chile. Esos instantes perduran en la memoria — y, de paso, estamos ayudando a formar a nuestros niños en una serie de valores para su vida entera (responsabilidad, salud, deporte, cuidado del medio ambiente y ecología, conocimientos sobre flora y fauna, etc.). ¿También a usted le parece bien que la naturaleza aporte sus beneficios y repercuta en sus hijos? Lo primero es querer y estar dispuesto a todo lo que ello implica.wknd

La primera tarea: conservar la motivación

Pero nadie dijo que sería fácil. Desde luego, hacer trekking con niños conlleva una gran dosis de esfuerzo. Y, en esto, el adulto a cargo tiene que ser más que un mero acompañante. De una u otra forma, es el adulto responsable quien debe asumir un primer rol en esta tarea educativa: tiene que trazar un plan, organizar los medios para la excursión y, lo que es muy importante, mantener la motivación en el niño. Este es, quizás, el punto más difícil y arduo de todos. Porque romper la inercia de la pasividad y comodidad cotidiana puede significar una cuota no menor de esfuerzo, pero conservar las ganas y transmitirlas a los niños sí que exige fuerza de voluntad, perseverancia y autocontrol. Pues no faltarán las dificultades: un niño que se quede dormido, que no logre aguantar sus ganas de ir al baño y manche la ropa, que justo amanezca enfermo o que tropiece y se accidente. La motivación inicial puede desplomarse como un castillo de naipes. Los imprevistos y percances pueden ser múltiples; el ánimo fácilmente cae abatido. Es entonces cuando el rol del adulto se vuelve crucial, porque se convierte entonces también en un referente para la toma de decisiones, en un ejemplo al momento de determinar la conducta y definir el modo en que se quiere vivir la vida.

Lo peor que pudiera pasar, entonces, es que el adulto resulte vencido ante las adversidades que pudieran surgir durante la excursión: que se encabrite, que pierda las esperanzas, que renuncie a continuar y descargue palabrotas en contra del ambiente o en contra del niño mismo. Eso equivaldría a extinguir todos los atributos positivos que ofrece la naturaleza. Por consiguiente, el adulto responsable, además de tener presente el objetivo último de la excursión, también debe organizar dicho paseo de un modo adecuado. Esto significa: valerse de las ayudas técnicas que ofrece la modernidad. Resulta más fácil mantener la motivación si el viaje resulta cómodo, si existen los incentivos de una comida rica (picnic o colaciones o sándwiches a gusto del niño, además de jugos y agua abundante), si contamos con el equipo adecuado (bloqueador solar para evitar daños y dolores, gorros para el calor o el frío, ropa y calzado pertinente, mudas extra de ropa), si le permitimos que vaya con amigos o familiares con los que se lleve bien, si programamos pausas de descanso y momentos de recreo de acuerdo a sus capacidades físicas y emocionales. Recomendamos, también, llevar lupas y binoculares, brújulas, GPS o algún otro instrumento para determinar la ubicación y orientación. Si el desea llevar consigo algún juguete (su peluche favorito, un autito, un palo como bastón para caminar, etc.), pues déjelo. También puede involucrarlo en el armado del botiquín y la mochila.  Todo eso ayudará a que el niño se entretenga (no es la idea, pues, que vaya a sufrir al cerro, sino que le sea grato) y, de paso, alimentará su imaginaciónwknd

La segunda tarea: diálogo y más diálogo

Pero aún más que esto, diríamos que la motivación se prolonga en la medida en que la excursión va acompañada de nutridas conversaciones con el adulto responsable. La curiosidad innata y las ansias por ser un explorador conducen al niño a querer saber acerca de su entorno. Si el adulto se informa previamente acerca de las condiciones geológicas del parque, por ejemplo, y le cuenta acerca de volcanes o fósiles escondidos entre los estratos, el niño caminará de un modo totalmente distinto a que si, en comparación, es obligado a caminar en silencio. Insistimos en que los niños adoran saber —  los kilómetros recorridos fluirán de manera rauda y veloz si el adulto entretiene al niño narrando historias acerca de los indígenas que habitaban la zona hace unos siglos o aún más, si le cuenta acerca de los gonfoterios y los dinosaurios que la poblaron hace millones de años. Con eso, logrará que el niño aprecie su mundo y que el cuadro de sus experiencias se vuelva más rico. Y si la inteligencia es la capacidad de asociar ideas, estará contribuyendo, también, a su desarrollo intelectual.

Pero también, un diálogo vivo fomentará la amistad entre el adulto y el niño. La confianza se crea y refuerza mediante el intercambio entre personas. Es sabido que, en las excursiones, uno prueba a sus amigos. Y si el adulto lo ha hecho bien, verá el premio a su esfuerzo al conseguir una persona sensata y equilibrada, prudente y respetuosa, valiente y medida, justa y compasiva. Si lo ha hecho bien, lo más probable es que este niño, cuando sea adulto, también organice salidas con sus hijos o sobrinos, emulando las experiencias positivas de su infancia. Esto, porque lo valioso se conserva, preserva y transmite. Eso es educar.wknd

Francisca Hernández

Francisca Hernández

Doctora en Filosofía UC. Casada y madre de 2 hijos pequeños. Deportista desde muy joven, dedicada en los últimos años al running, trail, trekking y montañismo, aventuras que disfruta con sus amigos y familia.
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