Isla del Sol, una tierra sagrada al centro del lago Titicaca

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En mis pasadas vacaciones decidí tomar mi cámara e internarme en el pasado a un país donde todo parece funcionar más lento y su gente vivir en una época distinta, despreocupada muchas veces de lo que sucede en el siglo vertiginoso en que vivimos, donde el consumismo desenfrenado nos carcome como sociedad. Me interné en la antigua Bolivia, recorrí sus parajes y disfruté de su exquisita cultura incaica, de sus protegidas ruinas que yacen como un tesoro bien guardado, cosa que como chilenos deberíamos envidiar y quitarnos el velo para observar un poco a nuestros vecinos, mucha veces considerados tercermundistas por nosotros mismos.Fue así como llegué y me enamoré de la Isla del Sol, ubicada en el centro del lago Titicaca y que es una “isla sagrada” para sus habitantes y ancestros Aymaras y Quechuas, descendientes del antiguo reino Tiawanaku e Inca, sangre directa de su dios Viracocha y sus primogénitos Manco Capac y Mama Ocllo, quienes directa o indirectamente, poseen  la misión de mantener este lugar congelado en el tiempo, cuidando su legado y el carácter sagrado que poseen para nuestro planeta, lejos del centralismo y ambición de poder que contagia a nuestro continente de oro llamado Sudamérica.  La isla posee aproximadamente 14 km² de superficie, 14 km de misticismo y belleza mezclada con el misterio que encierran sus tierras, aguas, laberintos, rocas sagradas, antiguos reinos, sacrificios, encuentros espirituales, chamanismo y cosmovisión. Todos estos son parte de los atractivos que atrapan a sus visitantes.isla del sol
Para llegar a la isla debes primero ir a la ciudad de Copacabana, la cual se encuentra a 148 km de la capital de Bolivia, La Paz. Desde esta ciudad salen tours en lancha que navegan el grandioso Titicaca durante aproximadamente 90 minutos. Si tienes suerte y te toca un clima templado, se recomienda abordar el techo de estas lanchas para apreciar la vista hermosa que nos proporciona el lago navegable más alto del mundo. Aunque se puede viajar por el día a la isla, lo recomendable es quedarse por lo menos un par de noches para recorrer sus parajes y conocer un poco de su cultura. Los alojamientos y hostales son muy baratos y se encuentran – en su mayoría – en casas de lugareños autóctonos pertenecientes a las etnias Quechuas o Aymaras, donde deslumbra su hospitalidad, comodidad y limpieza de sus habitaciones. isla del solAl llegar a la parte norte de la isla debes pagar un importe de 10 bolivianos, el cual te da derecho a visitar el museo de oro dedicado a la ciudad sumergida Marka Pampa, así como también las ruinas de la Chinkana. Posee unos cuantos restaurantes donde puedes degustar la especialidad de la casa, la trucha, preparada de una forma exquisita y acompañada con comidas típicas del país.
Por la tarde emprendí mi rumbo a las ruinas de la Chinkana. Es un trekking de aproximadamente 40 minutos, pero un amante de la fotografía se ve obligado a detener el paso y tomarse el tiempo ya que depara más de una sorpresa. Llegando a las ruinas te encuentras con un vista impresionante de la Isla del Sol, destacan su altar de sacrificio y la roca sagrada, donde habría nacido el mismísimo Manco Capac, primer inca de la era del Tawantinsuyo.  Los lugareños me recomendaron abrazar esta roca para cargarme de su energía mística – y así lo hice durante un buen rato – sugestionado me sentí con la fuerza de un Chasqui (mensajero personal del Inca) recorriendo el camino del Inca. Ahora podía continuar mi trayecto, pero no sin antes dejar mi ofrenda para los apus, un cerrito formado con piedras al cual le puedes pedir un deseo para el año venidero.  isla del solisla del sol
Subiendo un poco más te encuentras con el laberinto de la Chinkana, lugar que según la historia, estaba dedicado a la meditación o iniciación de los sacerdotes incas. Lo recorro acongojado. Luego de esto, me animo a subir el que pareciera ser el cerro más alto la isla, que desde su cumbre me regala una vista panorámica privilegiada, con cielos nubosos y a lo lejos uno que otro rayo. Mi sorpresa llega en el momento de mirar la hora en mi celular, marcaba las 15:00 hrs. cuando debería mostrar las 20:00 hrs. ¿magnetismo? ¿algo sobrenatural? Lo tomo como algo más del misticismo que me ha mostrado esta isla. Me dispongo a bajar, ya de noche, alumbrado con la luz de mi celular y uno que otro flashazo de mi cámara. En el descenso, me doy cuenta de que el cielo está cubierto de estrellas, por lo que pongo en práctica mis conocimientos de fotografía nocturna, no es el desierto de Atacama, pero algún resultado se puede lograr. Después de un día redondo, vuelvo cansado a la cama del hostal, con la bulla de los felices campistas a la orilla del lago, que invitan a unirse a la juerga, pero mi cuerpo y alma no piden más.Content-banner-INVIERNOisla del sol

Alexis Antonelli

Alexis Antonelli

Fotógrafo independiente y profesor de inglés en la comuna de Pedro Aguirre Cerda. Amante de la naturaleza y los regalos que esta nos entrega.
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