Lo que descubrimos en Parque Andino Juncal

parque andino juncal

Luego de aproximadamente dos horas sorteando rectas, curvas y peajes comenzamos a aproximarnos a nuestro lugar de destino, el Parque Andino Juncal. Las montañas se hacían cada vez más imponentes, rocosas, indestructibles y el río, incansable abriéndose paso hacia el mar, era solo uno más de los ingredientes de una gran receta. El cielo por su parte, estaba amenazante, a veces intentaba decir otra cosa, pero sus intenciones no podían ocultarse tan fácilmente y el viento, cómplice de sus planes, reunía a las nubes y las empujaba hacia su impostergable final. Unos pocos kilómetros antes de la cuesta Los Caracoles nos introdujimos a un valle pacientemente modelado por el río Juncal. El pavimento ahora era tierra y la van a menor velocidad nos permitía dimensionar lo que veríamos solo unos minutos más tarde. Luego de algunos instantes ya podíamos observar autos estacionados y algunas construcciones, que definitivamente nos daban la señal de que habíamos llegado. Un pequeño río hizo que nuestro chofer desistiera de querer cruzarlo, por lo que preparamos nuestras cosas y comenzamos a caminar hasta la recepción, en dónde debe pagarse la entrada, $5.000 para adultos y $2.000 los niños. Luego de los trámites de rigor quedamos en libertad de elegir nuestro sendero. Mientras tomábamos esa decisión, Dormilonas de Nuca Rojiza revoloteaban en el pasto, al mismo tiempo que un Chincol, recién conociendo el mundo, clamaba a sus padres por comida.

Chincol parque andino juncalVegas de Nacimiento sería nuestro destino, a aproximadamente 6 kilómetros de la recepción. Queríamos llegar a ese lugar ya que, por sus características debía ser uno de los lugares con mayor cantidad de aves concentradas, debido a disponibilidad de alimento y agua. Entretanto, Antonieta, una de nuestras guías nos avisa de la presencia de un Mero Gaucho posado en la cornisa de una antigua construcción. Esta ave, gracias a la forma de su pico es capaz de cazar y alimentarse de lagartijas, ranas, pequeños mamíferos e incluso huevos y polluelos de otras aves. Una vez que los lentes saciaron su sed de disparos comenzamos a caminar a paso de pajarero hacia nuestro destino. El sendero se presentaba bastante dócil, pequeños desniveles en quebradas nos obligaban a bajar un poco, siendo esos instantes los únicos con algún grado de dificultad.

Cuando ascendíamos en altura, podíamos ver a la distancia la recepción y otras construcciones como pequeñas manchas de pintura con un fondo, atribuible solo a un artista de manos divinas, pequeñas lomas se distribuían, una tras otra hasta donde alcanzaba la vista, adornadas con vegetación que evocaba una sensación de suavidad, una suavidad en la que uno quisiera recostarse a mirar el cielo. Algunos instantes más tarde, cuando estábamos a punto de alcanzar una planicie bastante larga sucedió algo simplemente poético. Primero uno por acá, luego uno por allá, dos más abajo y así, siete cóndores, machos, hembras y juveniles aparecían frente a nuestros ojos. Volaban sin gran esfuerzo, sosteniéndose gracias al viento y a sus imponentes alas, surcaban el cielo llenos de júbilo, en todas direcciones, unos más lejos, otros mas cerca mostrándonos su inmensidad, en toda su plenitud. Poder ver estos animales, con enormes montañas de fondo, con nieve, con picos sumamente escarpados fue simplemente la perfección, el equivalente de ver las estrellas en el cielo, y las olas en el mar, estaban donde debían estar.

Parque andino juncal Parque andino juncalAl avanzar un par de horas algunos pajarillos se mostraban curiosos y tímidos a la vez, Picaflores cordilleranos, Cometocinos de Gay, Pájaros Plomos y Chirihues Dorados, se resguardaban en pequeños y bajos matorrales ante la caída de inconstantes copos de nieve y el avance de nuestro grupo, que conforme pasaban los metros y las horas estaba cada vez mas ansioso de alcanzar las vegas. Caminando nos entreteníamos viendo un número no menor de Liebres, que de seguro constituían el plato favorito de un empapado zorro que logramos avistar. Ya a aproximadamente 20 minutos de las vegas la montaña nos mostró su fuerza, con fuertes vientos y una nevazón que rápidamente comenzó a espolvorear las laderas de los cerros, tal como el pastelero tiñe de azúcar flor un voluminoso berlín. Allí estábamos nosotros, resguardándonos en grandes rocas de la inclemencia de las nubes, de la nieve y del viento, que con rigor, nos recordaban dónde estábamos parados. En ese instante decidimos volver a la recepción ya que el viento y la nieve hicieron que la temperatura descendiera abruptamente, lo que hizo insostenible nuestra idea de continuar hasta la vega. Bajando, simplemente admirábamos la naturaleza salvaje, esa naturaleza desbordada, incontrolable que nos daba solo una pequeña degustación de su inconmensurable fuerza. El sendero, el valle y las laderas se hacían cada vez más blancas, el barro también comenzó a hacerse presente en nuestro camino debido al derretimiento de los copos.

DSC04573Parque andino juncalCuando ya estábamos a aproximadamente una hora de la recepción, las nubes nos obsequiaron un trueno que nos llegó al corazón, pero no de susto, si no que de entusiasmo, de felicidad, de aquella sensación que ninguna palabra explica, pero que comienza en el estomago y termina en la garganta, esa misma sensación que te pone los pelos de punta. Luego de rebobinar completamente nuestros pasos nos encontramos una vez más en la recepción, recibidos amablemente con una agüita de hierbas calentita y reponedora, que nos acompañó en la última conversa antes de volver a la van. Concluimos que, a pesar de no haber alcanzado nuestro objetivo fuimos sumamente afortunados de observar en carne propia un espectáculo de tal magnitud, un espectáculo digno del mejor escenario. Sentir el viento empujándonos, los copos de nieve golpeando nuestra cara y los truenos calando hondo en nuestros oídos, hicieron de aquel día, uno sencillamente memorable.

Franco Villalobos

Franco Villalobos

Actual estudiante y ad portas de egresar de Administración en Ecoturismo de la Universidad Andrés Bello. Miembro co-fundador de agrupación ECOS de la facultad de Ecología y Recursos Naturales de la misma institución. Busco transformar la sociedad en la que hoy vivimos hacia una bajo el alero del desarrollo sustentable. Donde el respeto por la naturaleza sea el pilar fundamental de nuestras decisiones, creo en el desarrollo sustentable a través de la conservación de la biodiversidad.
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