Patagonia; susurro del último confín de la tierra

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Terminamos los últimos preparativos del viaje, para partir el 22 de agosto del 2018 con un único y claro objetivo: la ventana patagónica. Llevábamos meses revisando una y otra vez el pronóstico del tiempo sin tener buenos resultados y postergando la fecha de partida hasta que el clima comenzó a cambiar, nada muy prometedor, pero ya aparecían esperanzas.Esa mañana después de días de trámites y arreglos a “Copito de nieve” (nuestra furgo-casa) para hacer nuestro viaje más llevadero; pasamos por nuestro amigo JP, alto motivado y gran compañero, pieza clave en este viaje debido a su ojo-mente, muy crítico y su rapidez con la cámara, capaz de captar lo incapturable y casi imperceptible. Una vez alistados petates, comidas, esquís, equipo de escalada y un montón de sueños y anhelos, seguimos nuestro viaje rumbo al sur ¿dónde? La verdad no lo sabíamos, los buenos días ni se asomaban por la Patagonia, entonces ¿Dónde?… Antuco!! Exclamamos con la meteo en la mano, fue ahí cuando -supongo- nos convertimos en “esclavos del clima”, según donde estuviera bueno iríamos a lo que fuera; escalar, esquiar, caminar, etc. Vimos que teníamos tiempo de viajar a Antuco, llegar con la tormenta, esperar un día y disfrutar del polvazo los siguientes días de sol. Llegar fue la primera prueba para Copito de nieve, ya que todos sabemos que no es un 4X4, aunque tenga alma de serlo; nos habíamos preparado para esto y compramos unas cadenas para sus ruedas traseras, prueba superada exitosamente!! Llegamos a la portería del centro de ski, con casi ya 60 cm de nieve caídos esa misma tarde. En eso conocimos a Raúl, dueño y encargado del funcionamiento del centro de ski, nos contó, que el centro no había abierto por la falta de nieve, y que no sabía si abriría– decía mirando el suelo.PatagoniaDespués de un día de espera, llegó nuestra mañana soñada, nos levantamos con la mejor de las disposiciones, subimos el volcán Antuco, rodeados de las maravillas de sus vistas y la Sierra Velluda imponente a su lado, tardamos 5 horas en alcanzar su cumbre-cráter, mientras, veíamos los primeros movimientos del centro, la tarde caía sobre nosotros mientras la luna llena y el reflejo rosáceo del atardecer dejaban en evidencia nuestras huellas. Yo sentía oír mi corazón latir más fuerte que de costumbre. Esa tarde fue el primer salud más que merecido y soñado. Tal como decía Raúl, el administrador del centro, la poca cantidad de nieve y el calor transformaron rápidamente las condiciones. El centro funcionaba pero todo fuera de pista, ya que estaba húmedo y pesado. Uno de los momentos mágicos de este viaje fue encontrarnos, sin previo aviso con el Mundi y el Tof, cabros amigos con los que nos encontramos bastante en nuestro valle natal. Ellos llegaron esa misma tarde, lo que nos hizo sentir como en casa; intentarían al siguiente día el Sierra Velluda, mientras nosotros emprenderíamos viaje rumbo al Lonquimay. Para nuestra fortuna, la meteo exponía buenos días y sabíamos que las condiciones estaban aún buenas en ese sector. Acampamos en Copito de nieve, en el estacionamiento del centro de ski, para mí fue como estar en un hotel de lujo con la mirada constante del volcán, cual Apu protector de sus araucarias.

A la mañana siguiente nos pusimos los esquís en el estacionamiento y enfilamos hacia la cumbre, aquel 25 de Agosto, esta vez en un nuevo volcán y en un centro bastante más concurrido, cuando por fin dejamos las torres de los andariveles atrás, la subida cambió y el fuerte viento que nos acompañaba perdió potencia y nos aseguraba una horita más hasta la cumbre. La llegada fue rápida, desde la cumbre podíamos ver y soñar con otros volcanes: Llaima, Puntiagudo, entre otros asomaban sus blancas cabezas, esta vez en la cumbre no estábamos solos, entre ellos Raimundo Señoret, amigo del Nico, quien nos invitó a pasar a su local después de la esquiada, se llama “la Casa Esquina” y está ubicado en Malalcahuello, el local es realmente hermoso, una decoración impresionante, con muchos libros, cuadros, registros y detalles que a la mayoría de los montañeros nos vuelven locos, pero la cerveza y pizzas realmente un lujo.PatagoniaLa bajada del Volcán Lonquimay estaba bastante congelada, debido al viento, lo que no nos impidió la gozadera, ya que la esquiada fue eterna y nos permitió jugar entre pistas y fuera de pistas, nuestros favoritos. El domingo 27 de Agosto amaneció nublado, ventoso, frío y caían plumillas. El viaje nos pidió un día de descanso, el que aprovechamos para pasear entre las araucarias camino a la carretera para seguir nuestro rumbo hacia el Sur. Ahora íbamos en busca de Mike Sánchez, el White snake, quien apenas llegaba de un pegue al San Lorenzo. Motivado, nos pidió un día, el que usamos para llegar a Puerto Varas, ahí nos juntamos para pasar la noche en su cabañita, ubicada en Metri, famosillo sector de escalada cerca de Puerto Montt, mientras la meteo exponía mal clima, nuestros cuerpos pedían acción, al otro día temprano emprendimos nuevamente el viaje, el que se tornó cada vez más interesante, por fin dejábamos atrás la carretera infectada de camiones llenos de troncos y la continua vigilancia policial lo que nos hacía recordar y refregaba la dura y triste verdad, que viven hoy y hace más de 500 años las comunidades Mapuches en Chile: sin verdaderos derechos ni protección. Son la huella y lo que queda del origen de esta tierra y que la máquina no quiere perdonar. Sin olvidarnos nunca de esto, comenzamos a leer a Agostini y relatos de estancieros y gauchos de Argentina y Chile que notablemente y más allá de meras fronteras son la misma zona patagónica, que cambia de los bosques húmedo lluviosos de las montañas, costas y fiordos hasta la cruda pampa, su alucinante fauna, y los vientos huracanados, que a más de un/a nortina/o descuidada/o habrá zafado o trabado la puerta de su auto en la carretera.

La historia no cambia mucho, las voces y relatos son casi los mismos, el pueblo nativo reprimido, ultrajado y asesinado cruelmente por el capital, los originarios de estas zonas ya casi no existen más, pobladores y colonos históricos ocuparon su lugar, cargando orejas, cabezas y el desmiembro de culturas completas; Nunca había sabido, entendido, ni siquiera cuestionado la historia patagónica y la ocupación del territorio “chileno”, donde cantos dolientes acompañan las largas horas de lectura, mientras protegidos de la lluvia y cruzábamos en las barcazas que conectan los caminos interrumpidos de la carretera Austral.

Adentrándonos en Patagonia

Nunca es tarde para aprender, si olvidamos no podemos aprender y las injusticias y barbaridades se vuelven a cometer. Yaganes, Aonikenk, Tehuelche, Selknam, quedaron en el susurro de nuestra sociedad. Gracias a los pocos con ojos antropológicos y manos-mente voluntariosas es que sabemos de ellos, ya que si fuera por los vencedores, no sabríamos nada… Así, llenos de nueva información es que llegamos a la Patagonia, Aysén, Ice end?, Bahual, be wild? Adaptaciones criollizadas del inglés por los nuevos y actuales pobladores, a quienes no podemos quitar mérito ante la vida en tan crudas condiciones climáticas y trabajando para sendos latifundistas extranjeros, algunos viajando incluso desde Chiloé, en pequeños botes.

La Patagonia nos recibió con lluvias y nevadas en los pasos altos, nuestros cuerpos ya no daban más: ¡acción! gritaban gesticularmente. Revisamos la meteo y nos dimos cuenta de que teníamos que esperar esa tarde en el portezuelo Ibañez, para tener dos días de ski. Los cerros no se veían tan alto como es de costumbre para la mayoría de nosotros en el Cajón del Maipo, pero sí bastante cargados. A la mañana siguiente temprano, al despertarme, JP ya tenía un nuevo amigo, el maquinista que limpiaba con tremenda dedicación el camino vehicular, día a día, de mañana y tarde, nos contaba que este invierno había estado muy seco, al igual que en el Cajón, Antuco y Lonquimay, y que ésta había sido la primera nevada donde había acumulado, nos sentimos afortunados y sin perder más tiempo, hicimos nuestra primera subida, paradita y corta, desde la cumbre veíamos el majestuoso cerro Castillo y el pueblo homónimo a sus pies. La bajada estuvo tan buena que almorzamos y volvimos a subir, esta vez por una cara más expuesta y congelada en la que, personalmente, aprendí mucho.

Esa noche podría haber pasado un tractor sobre mí y no me habría dado cuenta, por suerte el que pasó fue nuestro amigo el maquinista que a las 7 a.m. hizo sonar su bocina y marcó el inicio del nuevo día. Corrían los mates y llegó como caído del cielo, un chico coyahiquino, que nos habló de un buen itinerario, lo invitamos, pero nos contó que no traía sus pieles, creímos en su sabiduría local y nos aventuramos, fue una esquiada maravillosa, esta vez mucho más larga, la cumbre era hermosa, si alguien hubiese estado en la cumbre del cerro Castillo, lo podríamos haber saludado y ver su saludo de vuelta, gracias al amigo incógnito, nos ganamos el manso día. Esa tarde nos acercamos al pueblo en busca de internet , para ver nuestra herramienta infalible: la meteo, que como maestro espiritual nos iba dando la pauta a seguir. Luego de un pic nic y secado rápido del equipo, a las afueras de la Villa Castillo, cayó la noche.DSC05506Por la mañana llevábamos algo así como 10 días de viaje, después de una bañadita en el río, seguimos el viaje cada vez más cerca del renombrado Chaltén, así que vimos la meteo y nos indicó nada bueno, por lo que decidimos tomarnos un poco más de tiempo y seguir bordeando el lago O´Higgins, conocer Chile Chico, y el cerro Colorado, que estaba todo pintado de blanco, menos su gran pared. Ya de noche llegamos a la pista de aterrizaje para avionetas. A la mañana siguiente después de alguna risotadas, mate y todo lo demás, seguimos nuestro viaje. En Chile Chico nos encontramos con la carrera de bici, donde nos enteramos de lo grandes corredores que son en la Patagonia, y cómo no!!, es un gran mérito poder mantenerse en la bici entre las ventoleras exageradas, un evento muy popular para la comunidad que se agrupaba para ver a hombres, mujeres, niños y niñas de todas las edades competir, mientras nosotros hacíamos las últimas compras antes de cruzar la frontera.

A la salida del supermercado tuvimos un encuentro con la machi, cargada de sus pomadas, ungüentos, macerados y tinturas, sus ojitos brillaban llenos de sabiduría ancestral, sus manitas llenas de esfuerzo y trabajo nos regalaron medicina, ella nos acompañó todo el resto del viaje, incluso una noche apareció en mis sueños, espero que donde esté, esté bien y que siga sanando como mágicamente lo hizo conmigo. Seguimos nuestro viaje, saludamos enérgicamente a los señores de la policía de investigaciones, sin obtener respuesta. Después del tercer hola y el oficial, ya medio cansado, levantó la cabeza…

Luego de hacer los trámites cruzamos por el paso y al fin llegamos a Argentina, esta vez el primer saludo fue de parte de la señorita oficial de aduanas Argentinas, nos firmó los papeles y después de una agradable conversa pudimos seguir nuestro viaje, los oficiales nos felicitaban por viajar como lo estábamos haciendo, mientras yo pensaba que es muy lamentable como en Chile la militarización a acabado con la gentileza y lo básico de la educación social, que hasta hablar con Conaf es como estar hablando con un carabinero… No tardamos mucho en llegar a Chaltén, eso sí, nuestra primera parada en tierras Argentinas fue para comprar las esperadas facturitas en Perito Moreno.

Ya en Chaltén, llegamos donde nuestro querido amigo Hugo a su hostal Hem Herhu, EL ALMA en aonikenk, tuvimos unos días de preparativos para intentar escalar o esquiar desde el campamento niponino, cercano a el circuito de agujas del conjunto del Torre, y con la tremenda vista al cerro Chaltén o Fitz Roy como lo llaman actualmente. Esa noche nevó y cuando nos registramos en parques, los guardias nos advirtieron de las condiciones, por lo que llevamos nuestros esquís, los que pudimos usar recién en el glaciar del Torre, ese día había bastante viento y nubes, pero confiábamos en la meteo que marcaba dos días y medio buenos, suficientes como para intentar algo entretenido. “ojalá una escalada” pensábamos.

El primer día caminamos con los esquís al hombro desde el pueblo hasta el glaciar mismo, atravesando por el borde de la laguna y esquivando algunas piedras proyectiles que caían rápidamente por las elevadas morrenas. Logramos montarnos al glaciar y acampar cerca de unas grietas muy bonitas, azuladas y elegantes. Tuvimos suerte ya que muy cerca del campamento, Nico piso y paf! pasó de largo. Luego todo se nos hizo más fácil, pero esa noche hubo tanto viento que se nos hizo muy difícil dormir ya que teníamos que agarrar la carpa por dentro, para darle superficie para que no se rajara, yo pensaba mañana será mejor, pero mañana no fue mejor y primera vez que la confiable meteo fallaba. Esperamos que dejara de nevar y seguimos avanzando, esta vez con los rando llegamos al domo que antecede la base del Torre, pero había tanto viento que decidimos hacer una cueva ya que era imposible levantar una carpa o mantenerse expuestos mucho tiempo más. Antes de que anocheciera logramos terminar la cueva para los 4 y dormimos ahí, el tiempo no mejoró y pasamos todo un día encuevados, salvo algunos momentos de motivación extrema donde salieron algunas bajaditas por el borde de la pared del domo, que ayudaba en parte a ver entre el fabuloso viento blanco.DSC06027El temporal nos dio tregua esa noche pero el viento no paró, lo que impidió cualquier intento de escalada. A la mañana siguiente una neblina lo cubría todo, nos motivamos y salimos a randonear, una vez alcanzamos visualmente el pie de vía al cerro Torre como acto de magia, las nubes se abrieron y apareció el sol. Disfrutamos de una hermosa esquiada desde el pie de vía de la bífida, “algo es algo” nos dijimos y la sonrisa se pintó en nuestras caras. Días antes en el pueblo habíamos ido a esquiar a un sector que se llama El Mosquito, muy visitado por los lugareños, además escalamos en la Platea y la Vaquita, donde lo pasamos muy bien.

Con resignación pensamos en bajar y esperar la ventana. En el Chaltén hay mucho para hacer y así fue, pero para nuestra sorpresa el tiempo no mejoró. Plata ya no nos quedaba mucha y no se veía ventana cerca, por lo que hicimos una reunión grupal y decidimos viajar a Puerto Natales, en busca de mejor suerte. Nunca lo tuvimos en cuenta, pero debido a las circunstancias nos movimos a Puerto Natales y llegamos a la casa de nuestro amigazo Nico Secúl quien nos recibió de brazos abiertos. El tiempo empezó a mejorar, pero el viaje tuvo algunos cambios: Mike y JP tenían que volver, llevábamos un mes afuera y a esas alturas habíamos pensado en estar de vuelta, pero Nico y yo estábamos motivados, así que mientras el tiempo mejoraba nos dedicamos a trabajar y escalar en Sofía, la cueva del medio y en los diferentes y generosos boulders que hay en las alrededores de Natales.

Hicimos algunas salidas a esquiar por los alrededores, como el cerro Tenerife, que visto desde abajo es casi un cono perfecto, pero cuando estás arriba te das cuenta de que es un interminable y gozador filo. Esta aventura estuvo muy entretenida y lo mejor es que fuimos con los locales Secul y Tomás, ¡gracias por mostrarnos ese lugar!. Pero para mí, lo más inolvidable de este viaje fue esquiar el Col del Cóndor, entre la Torre sur y la central, por el valle del Asencio y por sobre ese imponente glaciar. Este nunca fue nuestro objetivo, pero Conaf tardó casi una hora y media en darnos la autorización para escalar en el valle del Francés y perdimos el catamarán a regañadientes, con pasajes comprados y todo. Sin embargo, Nico negro y yo teníamos nuestros esquís y los esquís de JP que nunca sacamos de Copito de Nieve, pero Nico Secúl no traía equipo de ski; aquí es donde la suerte jugó a nuestro favor, ya que mientras estábamos en el estacionamiento del campamento Torres viendo que hacer, aparecieron dos chiquillos santiaguinos, que venían bajando de esquiar, y hablando no sé cómo, le prestaron un par de botas y pieles al Nico Secúl para que no se perdiera la aventura, ellos pasarían unos días en Natales los suficientes para ir esquiar y volver con sus botas, y pensamos en que a JP no le molestaría tanto prestar sus esquís por una buena causa, y así subimos a lo que fuera, llegamos arriba, acampamos y al otro día tal como los esperábamos solazo!!, randoneamos muertos de calor, o como digo groseramente, casi en bolas.

Atravesar el glaciar fue una experiencia estremecedora para mí, ya que a diferencia de los que alguna vez crucé, este sonaba a medida de que íbamos avanzando cuidadosamente, exponía sus grietas y rimayas con lujo de detalle. Una vez en el col, mi corazón ya no daba más de alegría: qué lugar más impactante, algún día volveré a escalar repetía. Como ya casi era de costumbre la bajada fue un viaje alucinante, no sé si por la calidad de la nieve o por que no podía dejar mi emoción de lado, esa tarde bajamos con la luna llena hasta el auto, donde nos esperaban las comodidades del hogar, mientras celebrábamos el día y siempre acompañados por la potente luz lunar, de pronto ante nuestros ojos aparecieron dos pumas tremendos, a no más de dos metros uno y el otro un poco más. Mi cuerpo temblaba, no de miedo, sino más bien de lo increíblemente afortunada que estaba siendo. En ese momento pensé que nunca había sido tan feliz.

Hoy escribo este relato desde mi sillón en el Cajón del Maipo, por lo que se sabe que este viaje tuvo retorno, cada palabra, cada recuerdo me hace volver a esos precisos instantes, es muy importante conocer, leer, no olvidar, informarse, crear y creer en nuestra identidad, tenemos origen, tenemos un país maravilloso el que debemos cuidar, conoce, viaja, protege, espero que la modernidad y el progreso no termine por exterminar lo que más amo de vivir, la naturaleza y la naturalidad.

No alto Maipo, No a las Hidroeléctricas en la Patagonia, Aysén sin represas, No a la destrucción de glaciares, No a la explotación deliberada de minerales, No a la contaminación de las aguas, No a la quema y exterminio de los bosques nativos, No a las mega forestales de monocultivo. Sí a la naturaleza, Sí a más cultura de montaña, Sí a la vida.

Fotografía: Juan Pablo Caldichoury a través de @raq registro audiovisual colectivo. Agradecimientos: Volkanica y Salewa.DSC05934

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Tutu Muñoz