Pros y Contras de la Masividad en el Cerro

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Cada vez son más personas las que van al cerro. Aquí te contamos cuáles son las dos caras de la moneda.

CONTRAS

Cuando a los pies de un cerro se juntan más de 150 personas en un campamento, uno ya se puede imaginar qué problemas puede acarrear eso. Aunque el lugar sea extenso, desde luego que habrá zonas más y menos protegidas del viento y algunas pircas serán mejores que otras para guarecerse. De ahí que exista, en primer término, una competencia silenciosa por llegar primero al lugar y apoderarse de los mejores sitios para acampar. Esto se traducirá, por otro lado, en un gran impacto sobre el medio ambiente: la modificación del terreno, su intervención y erosión; la acumulación de basura y la huida de la fauna local. Pero más allá de eso: el principal problema será siempre el de la higiene. A no ser de que haya una coordinación previa (lo cual es muy difícil, por no decir imposible), cada cual irá al baño donde pueda. El resultado: orina, excrementos y papel repartidos por doquier, detrás de las piedras más grandes, pero también al lado de las pircas de las carpas, en las zanjas e incluso junto a las fuentes de agua. Sí, contaminación. Y eso sí que es peligroso, razón por la cual, en mi experiencia, prefiero siempre -en la medida en que sea posible- llevar el agua embotellada desde la ciudad.

No es fácil, pues, encontrar un rato de intimidad cuando hay tanta gente circulando alrededor. Y por eso, a veces uno se tiene que alejar mucho del campamento. Eso también puede ser peligroso, especialmente si sobreviene niebla y se borran los puntos de referencia. Hay gente que se ha perdido por ir al baño. Por la noche, también la oscuridad hace lo suyo y el frío muerde fuerte. Luego, al momento del ascenso mismo al cerro, la multitud de personas puede significar atochamientos y verdaderos “tacos” humanos, especialmente en sectores de riesgo potencial (donde la gente suele pasar más lento) o en “embotellamientos” geográficos. A gran altura o con un clima inclemente, eso puede traducirse en enfriamientos.
Pero también está el aumento de accidentes. Claro: si más personas van al cerro, hay más probabilidades de que algo salga mal. Y ahí viene otro tema asociado: qué tipo de gente es la que está llenando los cerros. ¿Están, pues, todos capacitados? ¿Cuentan todos con el debido entrenamiento, el equipo, la alimentación? ¿Qué experiencias previas los han guiado hasta acá?

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Arrieros y trekkeros

PROS

La convivencia nos enseña también virtudes tales como el respeto, la tolerancia y la paciencia. De algún modo, nos lleva a salir de nuestra esfera individual para considerar al otro en tanto que semejante a mí, con mis mismos derechos. Así, se abre la puerta para la empatía, es decir, el ponerse-en-el-lugar del otro. Al recabar en sus gustos e intereses, al conocerlo, puede que se abra también la puerta hacia la amistad: en los campamentos uno suele conocer a la gente, entablar nuevas relaciones con personas con los mismos gustos que uno. A partir de esa afinidad, puede que hagamos nuevos amigos: en los campamentos se trata, precisamente, de compartir.

Pero entonces ocurre un accidente. Alguien resbala, se cae y se fractura algún hueso. O el clima se muestra hostil y los hombres tienen que unir fuerzas para sobrevivir, porque nadie lo lograría solo. Ahí es cuando uno agradece estar rodeado de personas en la misma situación. La solidaridad es una virtud muy fuerte. Brota en situaciones de catástrofes, de crisis. Nos empuja hacia adelante, nos pone en movimiento. De pronto, somos todos hermanos y nos debemos asistencia mutua, nos debemos reciprocidad. El apoyo se vuelve incondicional. Es sorprendente ver cómo, cuando ocurre una situación así, todas las personas corren para prestar su ayuda y ver de qué forma pueden contribuir con algo, por mínimo que sea: un bastón para armar una camilla, un polerón para el que tiene frío, agua y comida para aquél que tiene un shock hipoglicémico, un llamado de emergencia para el Gope y/o los rescatistas, hasta un paracetamol o un anti-inflamatorio sirve, todo sirve… Dado que toda fuerza suma, uno se siente útil y necesario, querido y amado… hay preocupación, hay cuidado, hay amor. Hay humanidad.
Por otro lado, uno puede ver de qué es capaz la persona en esas situaciones de crisis: ahí ella se muestra, tal cual es, de manera auto-trasparente. En ese contexto es cuando surgen también los liderazgos. Irrumpe en ese momento una persona capaz de hacerse cargo de la situación, de asumir ciertas responsabilidades, de esbozar o dirigir un plan de acción e influir para que todos lleguen a buen puerto. En torno a su energía, carisma y motivación, la gente se agrupa y organiza; en torno a su iniciativa, se busca una solución al conflicto. Así, la ocasión puede ser vista también como una oportunidad. Si hay gente a la que le falta preparación, podemos enseñarles; si hay gente que necesita ayuda, podemos brindársela. Eso enaltece. Así, la experiencia se puede convertir también en una lección de vida. Por otro lado, si queremos difundir el cuidado del medio ambiente, conviene que la gente conozca y sepa qué es lo que hay que proteger. Uno sólo cuida lo que ama. Y solo amamos lo que conocemos. Por lo tanto, la enorme cantidad de personas que visita los cerros puede ser también la puerta de entrada para un “cuidado masivo” del planeta.

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Francisca Hernández

Francisca Hernández

Cursando la fase final del programa de Doctorado en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Casada y madre de 2 hijos pequeños. Deportista desde muy joven, se ha dedicado en los últimos años al running, trail, trekking y montañismo, aventuras que disfruta con sus amigos y su familia.
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