Sin miedo a las alturas. Los 600 saltos de Catalina Abt

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El día está despejado, impecable. Mientras el horizonte se extiende al infinito, el viento sopla fuerte. Es el momento de saltar, de arrojarse al vacío. El corazón palpita raudo, pero el motor del avión no permite oír nada más que un bullicio constante. Y entonces… la caída.

Un salto de Fe

Lanzarse de un avión en movimiento, a unos 4.000 m de altura, es un salto de fe. Fe en la tecnología, en que el paracaídas abrirá a tiempo, en la calidad del aprendizaje y las horas de entrenamiento, en la propia capacidad de autodominio, de poder controlar las emociones, la ansiedad, los nervios y el miedo.
En la caída misma, el cuerpo se precipita a más de 200 km/h. No hay forma de comunicarse sino a través de señas, porque las ráfagas de viento y su ruido ensordecedor lo impiden. Por eso, todo lo que ocurre en la caída libre se coordina antes de subir al avión y no durante el salto mismo. Acá hay otro acto de confianza: en la organización y el debido control, puesto que lo que está en juego es nada menos que la propia vida.salto paulita cam cathy1

Buscando Desafíos

Catalina Abt (30 años, ingeniero comercial) lleva 5 en esto. Ha acumulado unos 600 saltos en su vida. También se ha desempeñado como coach de paracaidismo y como cámara aérea (filmando a quienes realizan saltos tándem, es decir, a quienes van unidos a un instructor por medio de un arnés).

“Siempre soñé con volar”, explica. “Eso es algo muy recurrente entre quienes saltamos. Personalmente, soñaba que era capaz de sobrevolar distintos lugares del mundo y sintiendo el viento. Hoy ese sueño lo he cumplido”.

Sin duda, se trata de un deporte riesgoso, pero eso es parte del atractivo: “siempre me han gustado las actividades que impliquen un desafío para mí. El hecho de poder sentirte capaz de lograr lo que te propones, es algo que realmente llena el alma”.
Otro atributo que Catalina rescata del paracaidismo es que nunca se deja de aprender. “Aunque tengas 20.000 saltos, siempre habrá algo que mejorar”. Por ejemplo, la coordinación con otras personas que también estén cayendo en simultáneo exige esfuerzo y trabajo en equipo. Este es otro aspecto que Catalina valora en su deporte: la asistencia mutua, puesto que no se trata de un deporte tan solitario como pudiera parecer. “Al momento de saltar con otra persona más (ya sea 1 persona más que te acompañe, o 100 personas más) debes preocuparte por la otra persona que esté volando contigo. Y ayudarse entre todos para lograr los objetivos propuestos en el salto”.11825868_10154161881879899_4472230748494812741_n

Capacitación

Para Catalina, todo comenzó en mayo de 2012 con un curso en Paracaidismo Chile junto a un equipo, los Orbital Flyers. Es de crucial importancia aprender este oficio junto a instituciones “oficiales”, con instructores certificados y de comprobada experiencia.
Al principio, Catalina partió saltando en una zona cercana a Curacaví, pero su experiencia la ha llevado por múltiples lugares. Es decir, gracias al paracaidismo, pudo conocer zonas de Chile — y desde una perspectiva que ni siquiera el más avezado montañista pudiera tener: desde las alturas.
“Actualmente las dos zonas de salto más grandes o más recurridas en Chile son Paracaidismo Chile y Skydive Andes (ubicado en Chiñihue-Melipilla). Ambas zonas tienen muy buenos instructores y su staff es muy profesional y acogedor. Por supuesto, no son las únicas zonas de saltos en Chile, hay otras que son preciosas como AirSkydive en Pucón o Flysport que sobrevuelan las costas de la V Región, entre otras”.salto collgCatalina también se ha puesto a prueba en grandes eventos. Por ejemplo, en agosto de 2014 participó del récord nacional femenino, el que consistía en realizar una figura compuesta por 12 mujeres paracaidistas. En noviembre de 2015, participó en la gran carrera del año en el Club Hípico: allí aterrizó su paracaídas exhibiendo una bandera que colgaba de su pierna. En abril de 2016 participó en la Feria Internacional del Aire y del Espacio (FIDAE), junto a Juliet Skydivers, Boinas Azules, Wings of Blue, Seba Álvarez, Roberta Mancino y Carlos Pedro, todos grandes exponentes del paracaidismo. “¡Fue una experiencia muy linda!”, recuerda Catalina.

Equipo

Desde luego, para poder practicar paracaidismo se requiere de un buen estado físico y una salud compatible (por ejemplo, no se puede presentar algún problema cardíaco). Luego, viene el segundo requisito: contar con el equipamiento adecuado. “Los adelantos tecnológicos en este deporte han permitido que el paracaidismo sea cada vez más seguro“, nos explica.
El paracaídas se compone de un contenedor (que se ve como una “mochila” donde se guardan las “cúpulas”). Además de la cúpula principal (es decir, esa tela de colores a la que la persona va colgada), está la cúpula de reserva y el sistema de apertura automática. Resulta imprescindible, por lo demás, llevar puesto en todo momento un casco, unas antiparras, un altímetro y un traje cómodo.
Con eso y las debidas capacitaciones, Catalina está lista para la adrenalina. Pero poco antes de soltarse del avión, evoca una frase atribuida a Leonardo Da Vinci: una vez que hayas probado el vuelo siempre caminarás por la Tierra con vista mirando al cielo, porque ya has estado allí y allí siempre desearás volver. Y entonces, salta sonriente.12111967_10153227761539067_1999890693327796169_n

Francisca Hernández

Francisca Hernández

Cursando la fase final del programa de Doctorado en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Casada y madre de 2 hijos pequeños. Deportista desde muy joven, se ha dedicado en los últimos años al running, trail, trekking y montañismo, aventuras que disfruta con sus amigos y su familia.
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