Vanlife: Stefi y Marcelo, de Canadá a Chile

Van life Stefi y marcelo

Bueno, supongo que podemos decir que somos viajeros tiempo completo aunque suene un poco cliché. El 2017 Marcelo (mi compañero) y yo teníamos un trabajo estable y una vida bastante normal en Santiago. Él trabajaba en Andesgear, una empresa dedicada a la industria outdoor y yo tenía mi empresa “La Coneja” dedicada a la venta de muffins veganos a cafés, restaurantes y gimnasios de escalada. A mediados del 2017 comenzamos con la inquietud de querer un cambio y algunas veces habíamos comentado que nos gustaría irnos de viaje (más que vacaciones). Fue una decisión bastante rápida, lo conversamos un día y decidimos que ya era el momento: teníamos ahorros, ninguna deuda ni nada que nos amarrara y aun no teníamos hijos. Parecía el momento perfecto. No era algo que había que pensar mucho porque podía hacernos dudar: estábamos en una situación súper buena, estable, sobre todo cómoda y lo pasábamos bien. Dejar todo eso hace cuestionar un poco (por suerte no llegamos a cuestionarlo, tomamos la decisión antes). En noviembre del 2017 partimos mochileando por 6 meses conociendo distintos lugares y tratando de enfocarnos en la escalada (estuvimos en Australia, Japón, China, Sudáfrica y Europa). Luego llegamos a Canadá y ahí comenzamos nuestra segunda etapa (y mucho más larga): manejar hasta Chile. La idea fue de Marcelo, yo en realidad jamás había pensado que se podía hacer algo así, simplemente no se me cruzaba por la cabeza manejar un continente completo. A fines de mayo del 2018 llegamos a Victoria, en la isla de Vancouver, nos pusimos a buscar camioneta y camper y en un mes ya teníamos nuestra nueva casa rodante que bautizamos como Añañuca.

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La ruta que tendríamos que hacer hasta Chile era bastante obvia: directo hacia el sur! Cuando volamos a Canadá hicimos una escala en USA y al timbrarnos el pasaporte comenzó a correr nuestra visa de 6 meses que no se pausó mientras estábamos en Canadá, así que después de estar 3 meses en este último país nos quedaban sólo 3 para recorrer Estados Unidos. Pero el tiempo fue perfecto, disfrutamos del verano y otoño entre ambos países y a principios de noviembre estábamos listos para comenzar a explorar tierras latinas. La cantidad de tiempo que pasamos en cada país varía. En México, que tiene demasiado para recorrer, ver y descubrir (podrías estar años!) estuvimos 3 meses, en países más pequeños como Nicaragua y El Salvador estuvimos sólo 2 semanas en cada uno. También hay países que por distintos motivos no recorrimos (Honduras lo cruzamos en 3 horas: en la mañana estábamos en El Salvador y la misma tarde ya estábamos en Nicaragua).

Entonces después de Estados Unidos pasamos por México, Belice, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá. Todo eso en aproximadamente 1 año. Decidimos comenzar con Sudamérica a mediados de mayo, esto implicó enviar vía marítima nuestra campervan. Panamá y Colombia no están conectadas por la carretera panamericana (por razones económicas, políticas y ecológicas, hay distintas opiniones al respecto) así que mandamos a nuestra querida Añañuca en un barco gigantesco acompañado por cientos de containers y unas cuantas otras casas rodantes de viajeros en la misma situación que nosotros. Los trámites son un poco tediosos pero nada demasiado complicado. Apenas entregamos a Añañuca en el puerto nosotros volamos a Cartagena y esperamos (excelente lugar para esperar!) a que llegara.

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El envío demoraba un par de días y sumándole los días de trámites, después de una semana volvimos a encontrarnos y retomar la vida de camper. Seré sincera: esa espera en una cómoda hostal, teniendo acceso fácil a baño y ducha y tener una pieza con aire acondicionado nos mal acostumbro un poco, volver a la camper nos requirió motivarnos y darnos energía nuevamente para continuar nuestro camino. Estamos felices con la elección de viaje que hicimos pero no vamos a negar que a veces cansa! Hay algunas comodidades que se extrañan y aunque no vamos deprisa, manejar tanto es agotador (sobre todo que ahora sólo lo hace Marcelo porque a mí se me venció la licencia). Creo que no existe el tipo de viaje 100% perfecto (no le crean al que diga que si! Jeje) Actualmente llevamos más de un mes en Colombia y planeamos estar a principios de julio en Ecuador y probablemente alrededor de septiembre en Chile (aunque a veces es difícil planificar demasiado).

El día a día es relativo. Hay días que sólo consisten en manejar (hay que avanzar!) hay otros días que encuentras un lugar que te gusta y puedes instalarte por muchos días. Nosotros en general estamos siempre prefiriendo los entornos más naturales y evitamos las ciudades (además manejar en ciudades con una campervan tan alta y ancha es un poco estresante, lo aprendimos de la forma difícil) así que hemos tenido la suerte de conocer lugares preciosos, en medio de bosques, de desiertos, al lado de ríos o cascadas… entonces en esos momentos el patio de nuestra casa es algo que en otras circunstancias sería impagable!! Uno de los mayores beneficios de vivir en tu camper es que puedes darte algunos gustos y tener ciertas rutinas que otras formas de viajar no te lo permiten, por ejemplo, tenemos un refrigerador y un horno así que podemos cocinar lo que (casi) se nos plazca; o tener siempre tu propia cama es maravilloso! En realidad, siempre tienes tu casa ahí y tienes tu propio espacio que lo adaptas a tus necesidades.

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Creo que existen dos tipos de “dificultades” en un viaje largo: las internas y las externas. En cuanto a las internas (más emocionales) pueden ser extrañar a familia y amigues, aceptar que vivir de nómade implica soltar ciertas cosas y convivir 24 horas con la misma persona. Ese tipo de cosas las hemos superado enfocándonos en el presente, porque te das cuenta que esto es temporal y las cosas que te hacen falta las podrás tener nuevamente, después, es clave enfocarse en lo que tienes y no en lo que te falta para seguir disfrutando. Estar tanto con la misma persona tiene su lado bueno, la conoces a un nivel muchísimo más profundo que en la cotidianidad de casa: hemos logrado un trabajo en equipo súper bueno, y obvio que hemos descubierto cosas nuevas de cada uno y su lado no tan bueno, a veces simplemente quieres conversar con alguien distinto, Jajaja, pero es clave generar instancias en que cada uno está independiente y no requiere de la presencia del otro, cosas pequeñas como ver una película sola o tomar clases de algo.

Muchas de las personas que viajan por un tiempo prolongado visitan en algún momento a sus familias (un par de semanas para recargar energías), nosotros no lo hicimos porque volar a Chile es un poco caro pero si tuvimos el privilegio de encontrarnos con varios amigos y familia durante este viaje lo cual nos ha servido un montón para seguir motivándonos y viajando (seguro hay personas más solitarias que no necesitan esto pero nosotros si!!)

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Las dificultades externas serían cosas que tengan que ver con el entorno: problemas mecánicos, resolver imprevistos, etc. Con respecto a esto último podemos decir que hasta el momento no hemos tenido ningún problema grave y tenemos más que nada anécdotas (jamás olvidaremos nuestro paso por un hospital muy precario de Nicaragua porque a Marcelo le descubrieron cálculos renales, fueron 15 horas muy largas!. Después de eso Marcelo se jacta de haber visitado hospitales en todos los continentes…). Hemos escuchado un montón de historias de policías corruptos, a nosotros nos han tocado puros oficiales buena onda y respetuosos que tienen más curiosidad de nuestra forma de vida que de pedirnos coimas.

Hemos llegado a la conclusión que desde que entramos a México ser latinos hace una gran diferencia, simplemente porque estamos más cerca culturalmente de estos países que un suizo o un gringo que simplemente a veces no conocen ciertos códigos. Lamentablemente también pasa que por sentirse demasiado en casa una baja un poco la guardia y pueden pasar cosas no muy entretenidas ,como que un tipo se pase de listo y le parezca correcto darte un agarrón. Pero todo, todo, todo ha sido un aprendizaje y cada experiencia nueva nos ha dado nuevas herramientas para enfrentar nuevas situaciones. (Nunca pensé que iba a saber como funciona el sistema de arranque de una camioneta jeje).

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Algo que me ha complicado bastante durante nuestro viaje ha sido el tema de cuanta basura generamos. En casa reciclamos, tenemos compost y la posibilidad de escoger siempre algo “limpio”. Eso ha sido sumamente difícil de mantener desde que empezamos a viajar, sobre todo con el plástico que es impresionante como invade todo los productos! Hay cosas que se escapan de nuestras manos (como qué tan confiable es el sistema de reciclaje de algunos lugares) pero lo que sí está a nuestro alcance es comprar lo más posible local, reutilizar, evitar plásticos y cocinar siempre nosotros mismos (aunque eso también es necesario para que el presupuesto dure!!).

Lo que si decidimos hacer durante este viaje es calcular nuestras emisiones de CO2 (al menos las generadas manejando) y aportar a una ONG dedicada a reforestar para compensar emisiones. Ya que descubrimos esta opción, será algo que haremos anualmente incluso después de nuestro viaje. Cuando lleguemos a Chile vamos a haber estado casi dos años viajando así que lo primero que hay que hacer es volver a trabajar!! Siendo bien sincera no me complica, igual dan ganas de volver a “ser productiva”. No hemos pensado específicamente en que haremos en Chile ya que hemos estado más enfocados en disfrutar el presente. De todos modos nuestro plan a corto plazo es formar familia para que nuestro próximo viaje tenga un integrante más (ya tenemos en mente un par de viajes versión 2.0).

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Creo que es importante no idealizar ningún tipo de viaje… tampoco el de este tipo. Eso no niega que esté siendo una de las experiencias más importantes de mi vida, que tenga recuerdos y anécdotas infinitas, que he estado en lugares impresionantes, conocido cientos de personas y que agradezco todos los días de tener esta oportunidad. Pero a veces creo que las personas imaginan que estamos siempre instalados en una playa paradisíaca tomando piña colada, sin embargo estamos varados en una gasolinera por dos días esperando que un mecánico repare una avería de la camioneta!! En todo caso, puedo asegurar que los momentos difíciles pasan a segundo plano cuando uno ve la imagen en su totalidad.

Lo que sí quiero rescatar es que ver otras realidades, salir de la burbuja, ver distintas formas de vivir es algo que personalmente me ha aportado infinito… sobre todo viniendo de Chile, que es un país tradicional y estructurado que te hace creer que sólo hay un par de modos de vivir la vida. Notar como personas encuentran la felicidad en distintas formas de vivir sin ciertas aspiraciones (que uno crece creyendo que son las únicas) es muy enriquecedor.

Antes de iniciar este viaje Canadá-Chile en camper, no conocía a nadie que lo hubiese hecho entonces sonaba un poco abrumador. Sin embargo es impresionante la cantidad de personas que lo hacen!!! Y no sólo gente joven; jubilados, familias completas, recién casados con guaguas, amigos, parejas con perros y gatos, etc. Y en todos los formatos posibles: casa rodante, campervan, van customizada, en moto, mochileando, en carpa, en bicicleta. También con distintos presupuestos: algunos se pueden dar bastantes gustos en el camino y conocer lugares que para algunos son muy caros, otros venden artesanías en el camino y van avanzando en la medida que la plata lo permita, otros aceptan “donaciones” y en nuestro caso estamos usando nuestros ahorros. También de distintas duraciones: algunos se demoran 6 meses en completar la ruta, nosotros la haremos en casi 1 año y medio, otros llevan 5 años viajando, algunos tienen fecha fija para volver a casa y otros no tienen ningún apuro. Insisto, no hay una formula ni una regla de cómo deba hacerse una aventura como esta, simplemente lo que le haga sentido (y feliz) a cada uno. Y eso es súper enriquecedor de ver.

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Algunas anécdotas:

Como todo viaje existen algunas situaciones no tan entretenidas pero que valen la pena mencionar porque hacen que sea única: El día que teníamos pensado cruzar de Nicaragua a Costa Rica salimos muy temprano y mientras Marcelo manejaba comenzó con dolores estomacales muy fuertes. Después de que se retorciera un rato y me dijo “llévame al doctor” supe que era en serio. Como muchas veces pasa justo en ese momento los de seguro de viaje no pudieron ayudarme y tuvimos que buscar el hospital más cercano. Terminamos en la posta de urgencia de San Juan del Sur, una experiencia más bien interesante: mientras a Marcelo lo dopaban y 3 doctores llegaban a un consenso de diagnostico, yo ayudaba a las enfermeras traduciéndole para unos gringos que se habían caído en moto. Después de 5 horas esperando (a Marcelo ya lo habían pasado a la sala de pacientes “internos” con suero) nos dicen que hay que confirmar el diagnostico en el hospital. Así que en ambulancia nos fuimos al hospital aun más precario (ni los baños tenían agua), donde estuvimos cerca de 12 horas esperando que nos confirmaran que en realidad Marcelo tenia cálculos renales. La imagen que me queda grabada de esta escena es Marcelo convaleciente en una cama con chicles pegados en la baranda acompañado por el único paciente de esa sala, un niño picado por un escorpión.

Espacio reducido: vivimos en 5m2 así que inevitablemente a veces necesitamos nuestro propio espacio. Una vez tuvimos una gran discusión y yo estaba tan enojada que dije “me vooooy!!”, Salí de la camper y como estábamos en medio de la nada lo más lejos que pude ir fue al asiento del copiloto a tragarme mi rabia y luego, obviamente, volver a la camper con la cola entre las piernas.

Necesidades básicas: muchas camper tienen baño incluido, pero la mayoría de ellas requiere, para vaciar el estanque de desechos, un “dump station” que en Canadá y USA son sumamente frecuentes, pero a partir de México ya no. En ese momento fue que volví a mi niñez y me reencontré con la querida e infaltable “pelela”. No entrare en detalles pero cuanto agradezco a mi amiga cuando me lo recomendó. En muchas ocasiones el glamour en la vida de camper desaparece y esta sí es una de esas veces.

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Lo que es algo seguro que pasará viviendo y viajando en camper es la infaltable pinchazo de rueda. Obviamente que lo mejor que te puede pasar es pinchar en una zona desarrollada y urbana con fácil acceso. Pero obvio que eso no es lo que te pasará: pincharas en medio de la nada, como camino al parque nacional el Corcovado. Y no solo pincharás, sino también reventarás la rueda!!! Así que ahí estábamos en un día híper caluroso y todos empolvados, cambiando la rueda y confirmando que cuando se trata de Centro América es importante tener neumáticos a prueba de balas. Lo bueno es que ya puedo decir que soy capaz de cambiar una rueda en cualquier circunstancia jaja.

Solo algunos viajeros tienen el privilegio de tener incorporada la ducha en su camper. No somos de esos. Sin embargo, ¿quién extraña la ducha cuando puedes bañarte en lagos? A veces pasamos fácilmente un mes sin sentir el lujo de una ducha. Aunque nos acostumbramos y realmente disfrutamos cada lago alrededor de Squamish, cada vez que usábamos una ducha “real” nos sentíamos multimillonarios. Muchas veces tenemos el privilegio de estar en escenario hermosos (bosques, montaña, lagos, playas, etc) pero algunas veces también era necesario en dormir en paisajes menos fotogénicos: mi favorito era dormir en los estacionamiento de los Walmart, sobretodo los que estaban abiertos 24hrs!! Nada más entretenido que ir a las 11pm a mirar todas las cosas que son capaces de comprar los gringos!.

Cuando estamos instalados en medio de la naturaleza vemos muchísimos animales. Un vez llegando al campamento de Vedauwoo en Wyoming se nos cruzó un gigantesco alce (en serio, tenia como 3 metros de alto)… después de eso Marcelo salía al “baño” con un cuchillo. Yo me reía en su cara frente a su “arma letal”, probablemente ese alce también! En Puerto Jiménez, Costa Rica, la “mascota” del lugar era un cocodrilo… que le encantaba pasearse alrededor de las campers durante las noches, por suerte no me lo encontré esa noche mientras iba al baño!!

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Ahora que estamos más cerca de Chile y estamos con la sensación que este viaje tendrá pronto un cierre es inevitable ponerme a reflexionar sobre como ha sido. Puedo decir que lo he pasado chancho y fue la mejor decisión que pudimos tomar. Sin embargo, no voy a caer en ese consejo cliché “viajar lo soluciona todo” o “para todo mal viaja y para todo bien también” porque simplemente no creo que sea la solución a todos los problemas (muchas veces grandes aventuras internas ocurren sin siquiera moverte de tu casa). Lo que sí puedo decir que hace muy bien es salir (al menos de vez en cuando) de la zona de confort. Porque te enfrenta a ti mismo y te da la oportunidad de estar en situaciones nuevas y por lo tanto aprender. Por otro lado, creo que hace bien para el alma ver realidades distintas (en su amplio espectro) porque también te hace reflexionar (y cuestionar) sobre lo que está aprendido y fijo en el inconsciente. ¡¡Aunque esto sí va a sonar cliché, también te hace valorar las cosas lindas de la vida!!

En conclusión, no voy a recomendar a todo el mundo que lo deje todo y se vaya a la punta del cerro, pero si hay algo que te está inquietando y tienes ganas de hacerlo, ¡hay que lanzarse! Es mejor intentarlo que vivir imaginando de como pudo haber sido (ahí si me salió un cliché, pero bueno jeje)

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Estefania Tamburrino C.

Instructora Hatha yoga. Historiadora de arte.
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