Verano: tiempo de vivac

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El calor nos permite darnos algunas licencias. Por ejemplo, no tener que acarrear tanto peso y dejar la carpa en casa. Sí, es tiempo de vivaquear.

BENEFICIOS

Vivaquear permite pasar la noche en sitios donde no cabría una carpa. Es lo que nos pasó cuando fuimos a escalar a Las Palestras de El Manzano, en el Cajón del Maipo. Gracias a la modalidad del vivac, pudimos pasar ahí la noche y aprovechar los días al máximo. También es una forma ligera de moverse por las zonas naturales: el equipo se despliega rápidamente y sin mayor peso (recordemos, pues, que una carpa para 2 o 3 personas puede pesar 4kg ella sola). Y quizás, durmiendo al modo vivac, sienta una mayor conexión con la naturaleza: pues entonces es usted y el mundo, sin barreas de por medio.

UN POCO DE HISTORIA

En siglos pasados, cuando los ejércitos marchaban hacia sus destinos, los soldados rasos de infantería no tenían tiendas. Sólo para los altos mandos estaba reservada la protección de la tela durante una campaña. Por lo tanto, los soldados dormían a la intemperie, apenas cubiertos por una manta o un saco. Es decir, en el campamento, montaban un “vivac” o “vivaque” (son palabras sinónimas) y se aprontaban a pasar la noche sin protección.

Por ejemplo, en la campaña de Napoleón Bonaparte a Rusia en 1812, los soldados se agrupaban en un campamento improvisado en torno a una fogata y luego se aprontaban a dormir. Pero dadas las gélidas temperaturas, esta práctica también resultó calamitosa: una vez que cayó el invierno y dada la carencia de implementos y vestimenta abrigada, los soldados morían como moscas. Un relato detallado acerca de los acontecimientos de esta campaña y las fuertes experiencias de quienes participaron en ella aparece en el libro León Bávaro. Las peripecias de un soldado de Napoleón, recientemente editado por la Academia de Histroria Militar.VIVAC

ALGUNOS RESGUARDOS

Por eso, para que la experiencia no resulte desagradable, la práctica del vivac exige tomar algunas consideraciones. Desde luego, hay que considerar la geografía: se sugiere buscar una zona plana y seca, protegida del viento. Cuidado, también, con los insectos: conviene echar una mirada al piso antes de desplegar las cosas. Hay que evitar que haya alrededor agujeros, hormigueros, nidos, colmenas, etc. Además, hay que contar con el clima adecuado: recordemos, pues, que si cae agua o nieve no habrá nada que frene esas precipitaciones. Las ráfagas de viento son otro factor a considerar: usted estará expuesto a ellas. Por lo tanto, resulta imprescindible informarse acerca de las condiciones meteorológicas del sitio. Por otro lado, el saco tiene que ser abrigado (sintético o de pluma; eso dependerá del sitio al que se irá y del clima) y quizás quiera usar también algún tipo de funda impermeable, ya que por las noches podría caer rocío en algunos sectores o la humedad ambiental podría surtir sus efectos, depositándose sobre los objetos. Pero es importante que esa funda sea transpirable, porque si no, puede que despierte empapado. Para esos casos, también se recomienda llevar ropa seca extra, en alguna bolsa impermeable. Muy importante resulta ser la colchoneta aislante (del frío y de la humedad) que se ocupa como base para dormir sobre ella. Para lograr una mayor comodidad, a veces he dormido también sobre mi propia ropa sobrante.

Con los debidos resguardos, podrá echarse a contemplar las estrellas. Y, al despuntar el alba, sus rayos lo acariciarán con un mensaje de “buenos días”.

Francisca Hernández

Francisca Hernández

Doctora en Filosofía UC. Casada y madre de 2 hijos pequeños. Deportista desde muy joven, dedicada en los últimos años al running, trail, trekking y montañismo, aventuras que disfruta con sus amigos y familia.
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