Volcán Quizapu, un travesía invernal a la cordillera del Maule

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La cordillera del Maule, debe ser sin duda, uno de los mejores lugares para pasar el invierno en Chile. No porque tenga grandes centros de ski, lodge 5 estrellas o andariveles de alta velocidad, de hecho nada de lo anterior existe. El gran valor de esta zona radica en la combinación de 3 factores que la hacen única: Casi siempre nieva más, la altura de sus montañas mantiene la nieve fresca y por más tiempo, y por último, las infinitas posibilidades que sus empinadas laderas ofrecen para subir y lanzarse.Todo suena perfecto, a excepción de que vivimos en un país de montañas prohibidas, y como en muchas otras zonas del país, la mayoría de los accesos pertenecen a privados, principalmente relacionados a la minería, gas y electricidad. Por lo mismo, para visitar estos lugares se hace necesario algo de burocracia, y con eso, obtener los permisos necesarios para abrirse paso a algunos de los secretos mejor guardados del maule.
Hace unas semanas recibimos la invitación de una amiga maulina, Bárbara Meneses, para unirnos a su cordada y adentrarnos 4 días en la cordillera del Maule, con la idea de visitar el volcán Quizapu (o también conocido como cerro Azul), para explorar el que según ella, es uno de los sectores invernales menos concurridos, pero a la vez más sorprendentes de la zona.
A los que no les suena este lugar, la próxima vez que viajen por la ruta 5 a la altura de Talca, recuerden mirar por la ventana y verán como en la cordillera se levantan dos colosos, el más grande es el volcán Descabezado ( 3.830 msnm), y a su derecha su hermano menor, el Quizapu ( 2928 msnm). Lo que muchos no saben, es que este último, registra una de las erupciones más violentas que se tenga recuerdo (1932), dejando prácticamente en la oscuridad toda esa zona por varios días.Quizapu (1 de 202)

Día 1

El miércoles en la noche, la cordada proveniente desde Santiago, Buchupureo y Linares, se reunía en el centro de operaciones talquino, el living de Barbará, para preparar el equipo y planificar nuestra salida. Para acceder al volcán, primero teníamos que pasar por la central Cipreses, ubicada en la ruta internacional ch-115 Pehuenche, por lo que Bárbara tuvo que gestionar los permisos, que para nuestra suerte, no hubo inconvenientes. Con todo listo, cargamos el auto y partimos el jueves en la mañana hacia nuestro destino, pero no sin antes, dar avisos a los carabineros del retén de La Mina, lo que también era parte de los requisitos que exigía la portería de la central.Quizapu (4 de 202)Así llegamos a las faldas de los Hornitos, dos pequeños volcanes gemelos, cubiertos perfectamente de nieve y que eran la puerta de entrada a nuestro destino. El primer trayecto fue una aproximación a pie con todo el equipo en la espalda por una ladera de roca volcánica de unos 670 mts de desnivel. Aquí lo primero que nos llamó la atención, es la excepcional muestra del Ciprés de Cordillera, árbol nativo cada vez más raro de ver, pero que aquí estaba desparramado por las laderas.Quizapu (10 de 202)
Luego de aproximadamente hora y media de caminata, ¡por fin tocábamos nieve! Hora de sacar las pieles, armar los splitboard y comenzar nuestra pateada. Luego de unas dos horas de randonear por el portezuelo de los Hornitos, el espectáculo que nos recibía me dejó sin palabras. Sumergido entre laderas, en una especie de bowl gigante y completamente tapada en nieve, aparecía la laguna de los Hornos. Todo lo que se exhibía, era un verdadero sueño para el ski fuera de pista, por las cientos de bajas esquiables que se presentaban a nuestro alrededor. Al fondo de este valle y siguiendo un caudal de río que aún daba la pelea para no quedar sepultado bajo la nieve, armamos nuestro primer campamento.Quizapu (40 de 202)Quizapu (59 de 202)

Día 2

A la mañana siguiente, el clima nos seguía acompañando, aún se veía el cielo azul y con los primeros rayos del sol, nos empezábamos a preparar para la caminata de ese día. Nos levantamos con la calma, preparamos nuestros desayunos y desarmamos el campamento. Hoy nos tocaba duró, ya que a diferencia del día anterior, tendríamos que cargar todo el equipo por varios metros de desnivel hasta alcanzar nuestro segundo campamento a los pies de Quizapu. Así le dimos durante todo el día, contemplando esas majestuosas montañas, sorteando el río, disfrutando de las pausas con buenas dosis de comida y manteniendo la moral alta gracias a la buena onda que se armó en el grupo.Quizapu (58 de 202) Quizapu (79 de 202)Así pasó el día, las nubes comenzaron a cubrir el cielo y nos acercabamos a la última parte del trayecto. Terminamos de ascender los últimos 645 mts. de desnivel cuando de un momento para otro, todo cambió. Finalmente estábamos en el “plateau”, una amplia llanura de altura, que nos regalaba una impresionante vista a los valle de la séptima región, entre ellos el valle del Venado, Altos de Lircay y Radal 7 Tazas. Mientras que frente a nosotros enfrentábamos cara a cara al volcán Quizapu y el coloso volcán Descabezado, que increíblemente eran iluminados por los últimos rayos de luz que se colaban entre las nubes en el horizonte. Bárbara nos comenta - levantar la mirada en ese punto, donde aparecen esas moles de roca y nieve fue ¡realmente impresionante! La emoción de tener una vista privilegiada de esos lugares poco visitados, sobre todo en invierno, hacen que valga pena todo el esfuerzo y motivación puesto en ese día -Quizapu (104 de 202)Quizapu (114 de 202)
Luego de una mezcla de emociones, recibimos nuestro último shot de energía y randoneamos a toda velocidad, mientras ya caía el atardecer, para aproximarnos lo más posible a la base del Quizapu y armar nuestro segundo campamento. Esa noche estuvo un poco más fría que la anterior, así que nos apresuramos en armar las carpas, levantar un pequeño refugio para protegernos del viento y sentarnos por fin a descansar. Entre risas y conversas, preparábamos la comida para reponer fuerzas y nos pusimos a derretir nieve para tener agua para el día siguiente.Content-banner-INVIERNO

Día 3

Ese día abrimos nuestras carpas para ver un amanecer como pocos, los cerros despejados con luces azuladas, que nos recordaban el frió que hacía ahí afuera. Si bien el clima hizo un amague de mejorar, las nubes se apoderaron del paisaje, dejando la luz plana y la nieve dura, poco ideal para el día que supuestamente buscaríamos la cumbre del Azul. Rápidamente calentamos agua, necesitábamos encender el cuerpo. Una vez en ruta, esta vez sin el peso de todo el equipaje, comenzamos a avanzar por el plato, entre lomas que subían y bajaban, ganábamos altura entre luz planta y nieve dura.Quizapu (121 de 202) Quizapu (126 de 202)
El viento golpeaba a ratos y dejaba expuesta grande zonas de rocas y hielo que debíamos atravesar con cuidado para no caer.  Al cabo de un rato, y ya usando crampones, analizamos bien la situación y decidimos no seguir avanzando. Lo estábamos pasando demasiado bien como para arriesgarlo todo por un paso más. Si bien todos alucinábamos con lograr esa cima y disfrutar de esa vista, nunca fue el objetivo principal, ya nos sentíamos pagados con el solo hecho de ser las únicas almas ahí. Bárbara comenta – Me gusta la concentración que adquieres en esos momentos, entre que disfrutas pero no, que en el momento de partir quedas como petrificada y una vez que te moviste no hay vuelta atrás y finalmente fluyes-.Quizapu (132 de 202) Quizapu (135 de 202)
Aprovechamos el día para recorrer ese sector, sin arriesgar mucho, accedimos a un filo con una cornisa verdaderamente impresionante que caía directo al valle por el que accedimos el primer día. El viento soplaba con furia y en los cielos, un Cóndor solitario planeaba como si estuviera congelado en el tiempo, fluyendo y disfrutando del frío y la altura, mientras yo permanecía hipnotizado por su vuelo. Luego de un día sobre las pieles, aprovechamos la última bajada que caía directamente al campamento. Al final del día, el clima nuevamente nos regalaba un atardecer soñado. Luego de haber estado todo el día en las penumbras, el cielo se quebraba en el horizonte y los rayos de luz entraban con tanta fuerza, que sentimos como nos devolvía la energía al cuerpo. Nuevamente todo se iluminaba. Frente a nosotros, 2 lagunas congeladas hundidas en las montañas reflejaban los dorados del cielos, creando una escena que quedaría guardada en un espacio privilegiado de mi mente. A medida que la luz se fue, las nubes también emprendieron la retirada, dejando paso a la noche más helada de nuestro viaje.Quizapu (138 de 202) Quizapu (144 de 202)

Día 4

El último día lo tomamos con caaaaalma. Habían sido 3 días intensos de caminata y exploración, y claramente la vuelta al auto no era algo que nos apurara. Aprovechando que el día estaba despejado y sin viento, disfrutamos cada minuto de esa mañana, desde el frío intenso del amanecer, los primero rayos de sol en la cara, la vista despejada de nuestro pequeño universo invernal, la soledad de las alturas, el olor a café, la compañía de los volcanes.Quizapu (156 de 202) Quizapu (168 de 202)Quizapu (182 de 202)
Con el campamento guardado en las mochilas y las pieles sobre las tablas, comenzamos el camino de vuelta, que por suerte, ahora era en su mayoría bajada. Con una perspectiva diferente y con mejor visibilidad que los otros días, pudimos contemplar y entender el terreno, analizando la orientacions de sus laderas para futuras expediciones, que claramente, ya formaban parte de nuestros próximos itinerarios. La nieve no estaba ni mala, ni buena, todo depende de la percepción que uno tenga. Para mi la clave está en disfrutar cada terreno como te reciba, ya sea hielo, polvo, o sopa, detrás de cada tipo hay un aprendizaje y disfrute, que cada uno sabe cómo sacarle el mejor provecho. Ya de vuelta en el auto, y mirando hacia las montañas, dimos por cumplido el objetivo de nuestro viaje, haber disfrutado a fondo nuestra estadía en las montañas y llegar todos sanos y salvos para contarla. Todo lo demás, a su debido tiempo. Quizapu (177 de 202) Quizapu (160 de 202)
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Rodrigo Matus

Rodrigo Matus

Fotógrafo Outdoor / Fundador y Editor General wkndheroes.com
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