¿Y si nos arrancamos al norte?

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Por alguna razón los chilenos nos aventuramos más hacia el sur cuando de ir a explorar se trata. Este verano, el norte nos llamó a caminar a pata pelá por su desierto, a bañarnos en playas kilométricas abandonadas, a estar a menos de 4 metros de ballenas gigantescas, a desvelarnos con un cielo extravagantemente estrellado, y lamentablemente, a ver cuán abandonado tenemos esta parte de nuestro país, que creo es un verdadero tesoro.

Hicimos una ruta no muy larga. Nuestro road trip fue de 10 días, en los que recorrimos desde Santiago hasta Bahia Inglesa, pasando por pueblos como Gualliguaica, Huasco, Caldera, Chañaral. Cada lugar con su encanto. Los deportes náuticos los dejamos para Puclaro, nuestra primera parada, y el lugar perfecto para hacer windsurf y kitesurf.

norte1La mayoría son pueblos pobres, dejados de lado. Pero con un potencial que quizás solo un visionario es capaz de notar. Playas paradisíacas como la del parque nacional Llanos de Chayes, o Bahía Salado, o las que están entre Chañaral y Pan de Azúcar. Ni mencionar Playa la Virgen. Paisajes atómicos. El contraste tan perfecto de una playa en la mitad de un desierto, tanta agua en un lugar extremadamente seco hace que nuestros ojos se sientan maravillados. Entonces, cada día me cuestionaba más porque la gente prefiere el sur antes que el norte. Quizás encontré la respuesta: ¿Será que no hay infraestructura? ¿Será que la gente prefiere arrendar una casa antes de vivir en una carpa la experiencia de compartir en contacto con la arena misma de un desierto soñado? ¿O será que la falta de verde nos asusta?

norte8Lamentablemente creo que será imposible contarles detalladamente lo que viví en nuestro viaje. Pero me voy a quedar con algunas de mis partes favoritas para compartirlas con ustedes. La gente cuando va a hacer avistamiento de ballenas generalmente recurre a Punta Choros, nosotros decidimos ir a Chañaral de Aceituno, lugar que propone algo muy similar, con la diferencia de que no se visita la Isla Damas, sino otra, donde prácticamente los lobos de mar hacen su vida. Una caleta que subsiste gracias a aquellos turistas que se aventuran a hacer una ruta de 160 km por el desierto para llegar. De que vale la pena, efectivamente, la vale. No sólo tuvimos a una ballena azul de unos 33 metros a una distancia perfectamente acortada, sino que también vimos delfines, ballenas fin, más de 200 lobos marinos, pingüinos de Humboldt, y a un viajero solitario, un elefante marino, que según nos contaron viaja cada verano a la Isla de los lobos marinos a descansar. Una bestia de 7 metros de largo y 2 de ancho. Una maravilla del mundo animal que nunca pensé iba a poder ver desde tan cerca.

norte3 norte2Y si dejo de lado esta experiencia tan emocionante que fue estar en el hábitat natural de diversos animales marinos, creo necesario contarles lo que se sintió hacer un senderismo distinto. Caminamos las playas más inhóspitas que creo tiene este país. De esas playas tan abandonadas que te deja la duda de si alguien más estuvo ahí. Nunca había hecho un trekking que no fuera subiendo un cerro, esto fue, como sentirnos solos en la mitad de la nada, entre montañas de colores, arena blanca y un mar celeste que nos invitaba a sus olas cuando la temperatura superaba los 30°.

Si puedo aconsejarlos, los invito a esta zona, lugares que si bien no quedan cerca de Santiago tienen una cantidad de flora, fauna, paisajes e insectos alucinantes. Un lugar hecho para aquellos que adoramos la mística de un desierto como lo es el de Atacama.

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Maria Isabel Maturana

María Isabel Maturana

Estudiante de periodismo, admiradora de la naturaleza y los deportes. Fanática de conocer lugares y personas. Las aventuras están en todas partes, hay que buscarlas. Instagram @mimaturana
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