Bajo la piel del mar: una mirada a la vida submarina

buceo en caleta chañaral de aceituno

El mar está calmo, Pacífico, invitándonos a sumergirnos dentro de él.

Entre las regiones de Atacama y Coquimbo nos encontramos con un tesoro prístino, aún virgen y exento -casi- de la interrupción del ser humano.

Un lugar protegido como Reserva marina, que nos abre los ojos hace algo que debe ser real: tener reservas protegidas a lo largo de nuestros 4.000 kilómetros de mar que le competen a Chile.

El lugar

isla chañaral de aceituno

Este tesoro tiene nombre y apellido, se llama Reserva Marina Isla Chañaral, parte de la Reserva Nacional Pingüino de Humboldt, y que contempla 888,68 hectáreas en tierra y 1852 metros cuadrados, que equivalen a una milla náutica; es administrada por CONAF (la parte terrestre, pues lo que atañe al mar es administrado por SERNAPESCA) pero en realidad quienes la conocen mejor son los locales de la Caleta Chañaral de Aceituno y quienes se dedican a descubrir el mundo submarino que es impresionante y fascinante.

“La Caleta” es súper conocida por el fácil avistamiento de ballenas y delfines. Solo basta contratar uno de esos tours que te llevan a, básicamente, mirar. Y no necesitas más, te mojas poco, ves mucho y te desconectas un rato de la tierra, pero más allá de eso no te imaginas la profundidad del asunto. Y esto es literal. Para llegar a tener estas vistas tienes que volver al origen, sumergirte en la profundidad del mar para comenzar a conocer y entender por qué estos fantásticos animales han elegido este lugar para convivir con nosotros.

ballena

delfin residente

Estos animales llegan hasta acá junto a la corriente de Humboldt, y los atrae lo nutritivo que es este suelo marino. Acá pueden encontrar todo los nutrientes y todo el alimento que necesitan y disfrutan, ya que existen las Surgencias, o afloraciones de nutrientes desde el fondo marino en aguas heladas (como las nuestras). Hablando de las ballenas específicamente, estas encuentran el krill o euphausiacea, siendo un elemento fundamental de la cadena trófica que significa que cada una de las partes se alimenta de su precedente, siendo cada una de estas partes totalmente esencial. En la caleta podemos observar normalmente a la ballena Fin (Balaenoptera physalus), también conocida como rorcual común o ballena de aleta. La reconocemos porque al sumergirse, habitualmente no muestra su aleta como si lo hacen otras ballenas, sino que solo muestra su lomo.

La temporada de mayor avistamiento de cetáceos y mamíferos marinos es de Diciembre a Marzo, sin embargo es posible ver a los delfines residentes en la Isla Los Choros durante casi todo el año, ya que si bien a veces dejan el lugar, siempre vuelven.
Estando en la Caleta, es imposible notar la pasión y el amor que sus habitantes le tienen al mar y no podría ser diferente. Acá saber bucear es casi tan importante como saber manejar o saber andar en bici, es decir, casi todo el mundo lo hace. O al menos tiene mucha conexión con el mar y con la vida acuática y eso se pega.

De cerca se puede ver en la escuela de buceo Amniota, que contempla cursos de buceo, expediciones y guiados por la Caleta Chañaral de Aceituno, y que se sumerge en el mar para mostrar a los ojos de los curiosos la maravillosa vida del mundo submarino sobre todo en un lugar como éste, que de verdad maravilla a cualquiera.

Bucear en un mundo nuevo

Foto Principal

Con Amniota fuimos al mar.

El martes 21 de enero despertamos temprano en la escuela y luego de un buen desayuno preparado por el mismo director de la escuela Flavio Olivares, arreglamos el equipo necesario para meternos en las frías aguas del océano Pacífico, eso quiere decir traje, botas y capucha de neopreno, máscara para ojos y nariz, plomos (como cinturón), un chaleco compensador, un tanque de aire comprimido y un regulador del aire que nos permitirá respirar bajo del agua. Además de un par de aletas. Nos vamos a la playa Garay, ubicada al sur de la caleta, donde nos espera la embarcación Skua 1, la responsable de nuestra felicidad las próximas horas. Además de Flavio, nos acompañan Amanda, Matías y Macarena. Todos vamos a bucear y, además, es mi primera vez. Llegamos hasta la isla Chañaral de Aceituno, un verdadero paraíso de la biodiversidad marina. Decenas de aves, lobos finos, y otros microorganismos que no divisamos a simple vista. La isla tiene un paisaje que nos remonta a otras épocas, nos hace “volver al origen” como lo dicen los propios locales de Amniota y como yo también lo siento. Me doy cuenta de que acá abajo realmente hay un bosque y más vida de lo que no se puede imaginar, aunque hayas visto de buceo. Y también sucede algo al conocer estas otras formas de vida y que lo comparo con el momento en que una madre ve por primera vez a su hijo recién nacido y quiere protegerlo del mundo. Lo mismo uno siente, este mundo tan rico y diverso debe ser cuidado, debe tener sumo respeto, debe ser protegido y mantenido porque es mágico. Bajo la piel del mar, el tiempo se detiene y ya no importa nada más que la conexión que sientes cuando vas nadando al lado de un cardumen que ya no se asusta de ti, todos podemos flotar y avanzar en este otro mundo.

amniota

Bucear es algo que todos deberían hacer en algún momento de sus vidas. Te muestra lo maravilloso y aún poco explorado y prehistórico mundo del mar. ¿Puedes imaginarte que gran parte del mundo estuvo bajo el mar? Es la causa de que encontremos fósiles en la cordillera de los Andes y ahora toda esa vida se refugia bajo el mar. Te toca descubrirlo a ti. Descubrirlo, amarlo y cuidarlo.

buceo caleta chañaral de aceituno

Para más información sobre los cursos o sobre bucear con este maravilloso team, encuéntralos en Instagram o manda un correo a info@amniota.cl


Fotografías:

 Portada: Flavio Olivares

Foto 1: Paula Fernández

Foto 2 y 3: Diego Cortés

Foto 4: Flavio Olivares

Foto 5: Matías Grez

Paula Fernández

Viajera, periodista, amante de la vida, la naturaleza, el deporte, la escalada y de permanecer en constante movimiento y aprendizaje.
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