Monolitos, hitos y mojones: las señales que guían al excursionista

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A todos nos ha pasado que salimos de excursión y de pronto erramos el rumbo o el sendero se pone difuso. Entonces oteamos el horizonte, nos mordemos el labio inferior y nuestros dedos se ponen nerviosos. ¿Por dónde ir…? Luego una imagen quiebra el suspenso: ahí, un monumento hecho de piedras, solitario y paciente. Una señal, una indicación. ¿Qué significa? Pues… que no estamos perdidos.

Monolitos, hitos y mojones

En griego, mono significa «uno» y lithos significa «piedra». Hay monolitos naturales (como las colosales figuras del Parque Nacional Torres del Paine) y artificiales. En este último caso, se trata de esculturas erigidas por alguien en algún punto estratégico con algún sentido en particular. Los vestigios de esta índole se remontan siglos atrás: algunas de las grandes masas de piedra del complejo pre-histórico de Stonehenge podrían inscribirse en esta categoría, aunque desconocemos sus detalles y gran parte se halla aún en el misterio. También los obeliscos egipcios e incluso los moáis de la Isla de Pascua son monolitos. Todos fueron hechos con algún propósito, bajo algún diseño o plan. Dicho de un modo general, nos revelan -de una u otra forma- la necesidad del hombre por hacer algo ante la inmensidad de la naturaleza y por marcar el paisaje, por dejar su huella, incrustar su sello y, mediante esta acción, abrir la posibilidad para que otros también lo reconozcan. Por eso, las marcas de esta índole son señales, esto es, rasgos y características que albergan algún fin: nos inducen o transportan a otro lado, nos abren a otra esfera acerca de la que no teníamos un conocimiento directo. En efecto, la señal significa algo: está ahí para que otra persona la perciba y siga su dirección, esto es, vea hacia dónde apunta y emprenda ese camino. La señal, por lo tanto, no sólo indica, sino que también mueve: tiene el objetivo de motivar la acción. Así, por extensión, hemos llegado a apodar «monolitos» a esos cúmulos de roca que, al borde de un sendero o en algún sitio de visibilidad, rotulan la dirección a seguir, alivian nuestras preocupaciones y nos ponen en marcha.IMG_0006
Otro término para referirnos al mismo concepto es hito. Esta palabra viene, a su vez, del latín fictus, que significa «fijo», «constante», «que no sufre alteración». Entonces: puede que su GPS deje de funcionar, su celular no tenga señal, el rastro del sendero se borre a causa de una ventisca… pero lo que permanecerá ahí, inalterable y estable, será el hito. A pesar de los embates del clima y del tiempo, el hito seguirá ahí cumpliendo su función. Esta noción conlleva también la de una valoración histórica y cierta importancia: se aborda un lugar en tanto que algo decisivo. Por ejemplo, hablamos de «hitos fronterizos» cuando se trata de señales que separan países, es decir, aludimos a su relevancia internacional, por un lado, y a su rol en la conformación de la identidad y los alcances geográficos de una nación, por el otro.
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En este contexto, a veces hablamos también de mojón como un punto de referencia… y en ocasiones, referencias también con fines mortuorios: en algunas culturas, es costumbre erigir túmulos para conmemorar a los muertos. Tal es el caso de algunas sepulturas que encontramos en los alrededores del Himalaya, por ejemplo. Así, la vida queda de algún modo petrificada; rechazamos el olvido construyendo un refugio para la memoria. Sí, ni vivos ni muertos deben perderse.
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Fotos por Rodrigo Matus y Caroline Sieldfeld 

Francisca Hernández

Doctora en Filosofía UC. Casada y madre de 2 hijos pequeños. Deportista desde muy joven, dedicada en los últimos años al running, trail, trekking y montañismo, aventuras que disfruta con sus amigos y familia.
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