Parque Tagua Tagua: Aún quedan lugares por explorar

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Un día normal me llegó un whatsapp de la pega: “Necesitamos que alguien se motive a grabar los tracks del Parque Tagua Tagua”… Yo estaba con tiempo y hace rato que rayaba con que quería aventura; algo de más de un día, conocer un nuevo paisaje, etcétera. Yo no tenía idea de dónde quedaba aquel parque, pero algo más fuerte que yo se apoderó de mis dedos, que mandaron una rápida respuesta: “Yoooo”. Como mi espíritu es curioso al máximo, apenas tuve la oportunidad de conectarme a internet busqué de qué se trataba el lugar. Para mi sorpresa no tenía nada que ver con “San Vicente de Tagua-Tagua”, sino que era un parque ubicado en la rivera del Lago Tagua Tagua, entre Puelo y Cochamó, región de los Lagos. Me impresioné con las imágenes que veía en la página web del sitio y comencé a alucinar y preparar todo para que la experiencia fuera increíble. El Domingo nos quedamos en Frutillar, donde nos alojó una compañera de trabajo que también iría al parque y el lunes temprano partimos rumbo al destino que sólo ella conocía y que los otros tres ansiábamos descubrir. Luego de manejar varias horas por paisajes que lograban mantenerme despierta (había dormido poco), llegamos hasta Puerto Maldonado donde tomamos un ferri (Recomendación: dejar el auto antes de tomar el ferri y no cruzar con él, puesto que al otro lado el auto no sirve de nada y puede sufrir las consecuencias de una subida de lago en caso de lluvia) que nos dejó en Puerto Canelo, donde se ubica un conocido Lodge, el “Mítico”. Acá nos pasó a buscar una lancha que nos atravesaba hasta el Parque, pero antes nos detuvimos unos segundos para ver una hermosa cascada que me hacía sentir perdida en el mapa. ¿Dónde estamos? ¿Seguimos en Chile?Luego de caminar unos minutos por la empinada ladera que abruptamente da al Lago, llegamos a una caseta de informaciones donde el Guardaparque –Diego- nos conversó acerca de algunas cosas del lugar. Lo que haríamos en el día y en qué consistía más o menos el parque en sí. Cerca de la caseta encontramos dos manzanos (algo inusual, debido a que su flora está en su mayoría intacta), Diego nos explicó que antes esos terrenos tenían parcelas y que luego habían sido destinados a la conservación.
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Los primeros 2 kms de caminata nos encontramos con una que otra especie introducida, casi nada. Tampoco afectan al resto del Parque. Antes de seguir el camino, Diego nos llevó hasta el puente Colgante que tiene dos maravillosas vistas: Hacia el Este tienes una vista espectacular del lago Tagua Tagua, hacia el Oeste, Un río pasando por minicascadas. Maravilloso, y estábamos recién en la entrada. Partimos como a las 3 de la tarde con el trekking en sí, pasamos por las cascadas de La Vieja, de Los Jóvenes y vimos una cantidad indescriptible de helechos, hongos y pájaros. Todos estuvimos de acuerdo con que nunca en nuestras vidas habíamos sido testigos de un bosque tan rico en biodiversidad. Cuando ya comenzaba a atardecer llegamos al refugio Alerces. Es importante aclarar que el parque no cuenta con zonas para acampar. Las únicas opciones para quedarte más de un día en él es arrendar un cupo en cualquiera de sus dos refugios (Alerces o Quetrus), los precios los pueden encontrar en www.parquetaguatagua.cl, donde también deben hacer una reserva previa para alojar en ellos. Luego de comer algo para reponer energías, nos pusimos a conversar afuera del refugio, con una imagen que jamás olvidaré. El cielo totalmente despejado para nosotros, sumado a la nula intervención eléctrica a la que estábamos felizmente sometidos, nos entregaron un momento único, no sólo al mirar hacia arriba, sino que al bajar la vista hacia el lago de los alerces muertos, veíamos exactamente el mismo cielo. La imagen era tal, que a veces me sentía confundida ¿Dónde estaban mis pies? ¿Dónde estaba mi cabeza? A veces pensaba que yo estaba dada vuelta. Todo estaba al revés. De pronto, mientras conversábamos y yo trataba de adivinar cuál era cielo y cual era lago, comenzamos a escuchar el singular canto de los búhos Concón. A propósito de esto, el guardaparque nos contó la historia de un europeo que hace no mucho había pasado por el parque. Este chico reservó el refugio por dos o tres noches, pero llegó al centro de informaciones al día siguiente asustado, con cara de espanto, diciendo que el lugar estaba embrujado lleno de seres del bosque y de la noche, que no lo habían dejado dormir porque se reían toda la noche. ¡Pobre! No conocía esta ave endémica de Chile. En su defensa puedo decir que el lugar es bastante tétrico, sobre todo por los imponentes troncos secos de alerces que emergen del lago reflejando sombres misteriosas que se reflejan y se mueven con el viento. Además no hay mucha gente en este parque. A él le tocó pasar la noche solo, a nosotros también –aunque éramos cuatro. Además esos cuerpos de alerces moribundos y desnudos protegidos por las enormes montañas de formas animalescas y singulares. Yo misma no podía creer dónde estábamos, parecía un cuento de los hermanos Grimm, con bosques misteriosos, ruidos siniestros, la soledad, la noche, el encontrarse así, de pronto, enfrentado a uno mismo en la oscuridad. Con luna llena debe ser espectacular, pensé. Me fui a acostar luego, al día siguiente nos esperaba la caminata más larga de todas las jornadas. Nos despertamos relajados, nada nos apuraba para comenzar el día. Tomamos desayuno al calor de la cocina a leña que quedaba al centro del refugio y nos preparamos. Caminamos desde el refugio Alercesa hasta el Quetrus (3,5 kms sólo ida), pasando por la cascada La Flaca y la Cascada Grande, que no estaba en todo su esplendor que es en primavera, a causa de los deshielos. Además pasamos por muchos lugares que invitaban a detenerse y mirar tu entorno. Puentes, bosques milenarios, infinidad de tipos de helechos, plantas, musgos, hongos, aves, y Mallín (humedales) los cuales son una fuente importantísima de biodiversidad de flora y fauna, por lo que deben ser cuidados y conservados. El Parque pone especial atención en el tema de la conservación e impacto en la naturaleza, por lo que la infraestructura se compone también de unos senderos sobre unos puentecitos de madera para no pisar estos terrenos que si fueran pisoteados probablemente no durarían mucho más. En fin, llegamos a la laguna Quetrus impactados por la vista que nos ofrecía: Desde la Terraza del refugio se veía en primer plano la laguna, luego los bosques de cipreses de las huaitecas, alerces y más arriba las lengas rojas y otoñales y las montañas más cerca y más grande ahora. Algunas de ellas aún ni siquiera tienen ascensiones. Sólo los cerros Ansias, Selknam, Desesperado y Castillo habían sido conquistados. Algunos tenían nombre, como “El Guardián” o “Pico de Sombra”, sin embargo habían muchos otros que ni siquiera tenían nombres, estaban vírgenes del contacto humano. Esto me hizo reflexionar acerca del mundo actual. Desde pequeña quise ser una exploradora, pero cuando comencé a crecer me di cuenta o pensé que todo el mundo ya estaba explorado. Me contenté con explorar para mí, cosas nuevas para mí, pero nunca pensé que conocería lugares tan vírgenes como los existentes en este lugar. Eso me dio esperanza. Aún quedan lugares en el mundo disponibles para explorar.

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Paula Fernández

Viajera, periodista, amante de la vida, la naturaleza, el deporte, la escalada y de permanecer en constante movimiento y aprendizaje.
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