Pingüinos en Chile: Una belleza frágil

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En Chile continental, insular y antártico habitan diez especies de pingüinos. Este artículo invita a contemplar la belleza de tres tipos y sus colonias principales. Pero también, advierte sobre su fragilidad ante el cambio climático y el impacto humano.

El Pingüino MagallánicoPinguinos-Magallanicos-5

Los primeros navegantes que cruzaron los canales australes pasaron por muchas penalidades: tormentas, frío y mucha, mucha hambre. Así, muchos de estos exploradores no dudaron en servirse de los exuberantes recursos que presentaba la madre naturaleza – y por esta razón, diezmaron también las colonias de pingüinos que encontraban a su paso. Estos pobres animalitos apenas conocían al hombre y, por lo tanto, no le temían. En tierra eran lentos y estaban claramente en desventaja frente a un hombre armado.
Un caso estremecedor es el perpetuado por capitán John Davis, quien en 1592 exploró el estrecho de Magallanes e incluso descubrió las Islas Malvinas (Falkland Islands). En uno de sus recorridos, también dio con una gran colonia de spheniscus magellanicus en una isla ubicada a 21 km de Puerto Deseado, en la costa argentina. El cronista del viaje, después de narrar que «al comerlos, no son ni pescado ni carne», cuenta también que Davis y sus hombres mataron a palos a 20.000 de estas aves en sólo unos días. Su barco, el Desire, partió rumbo a Inglaterra el 22 de diciembre de ese año con 14.000 pingüinos repletando sus bodegas. Si bien habían sido secados y salados de manera previa, de todas formas la carne se pudrió. Los miles de gusanos de 2.5cm que encontraron allí las condiciones óptimas para reproducirse devoraron todas las demás provisiones que transportaba el barco. Pero también las ropas de los marineros (telas, cinturones, botas y suelas de cuero) y las mismas vigas de madera del Desire sucumbieron ante la proliferación de las voraces criaturas. Todo se lo comían, excepto el hierro. Cuando iban ya a la altura de Ecuador, los navegantes —con sus cuerpos extrañamente hinchados y las encías sangrantes— se retorcían de dolor. Finalmente, al llegar a Irlanda en 1593, sólo 3 de los 76 hombres que se habían embarcado en Puerto Deseado seguían con vida.

Historias como ésta se repitieron varias veces en la Patagonia. El geólogo sueco Otto Nordenskjöld (a quien se debe el nombre del lago en el Parque Nacional Torres del Paine) narra otra matanza en la que participó en 1902: «primero intentaron huir la mayor parte, aunque muchos de los más grandes y valientes que estaban cerca de sus pequeñuelos o de centinela alrededor de los nidos, nos atacaron e hicieron frente, mas cuando vieron la imposibilidad de salvarse se rendían, y un golpe en la cabeza los hacía rodar por el suelo. Matamos en total setenta pájaros bobos, que después descuartizamos…». Si bien el explorador recalca, en el mismo pasaje, que su acción se vio impulsada por su extrema necesidad, sólo da cuenta de la tónica que vivieron una y otra vez estos pingüinos. Así, las poblaciones se redujeron rápidamente, situándose al borde de la extinción. La alarma se encendió entonces y hoy contamos con reservas dedicadas a la protección de estas aves. La Isla Magdalena, por ejemplo, a unos 35 km al norte de Punta Arenas, conserva una colonia superior a los 150.000 pingüinos en ciertas épocas del año y permite que los visitantes aprecien su belleza, siempre y cuando circulen por los senderos demarcados y no interrumpan su desenvolvimiento natural.

El Pingüino de HumboldtPinguino-de-Humboldt

Un pingüino de aspecto muy parecido al Magallánico es el que lleva el apellido del famoso naturalista alemán, Alexander von Humboldt (1769-1859), a quien se debe también el nombre de la corriente oceánica que baña las costas de Chile. El pingüino de Humboldt (spheniscus humboldti) se distribuye a lo largo de este torrente helado que proviene desde latitudes antárticas.
Famosa es ya la Reserva Nacional Pingüino de Humboldt, en la Región de Atacama, Chile. Pero también es posible hallar ejemplares en el Monumento Natural Isla Cachagua, junto al balneario del mismo nombre, en la V Región. El agradable paseo costero pasa justo frente a la isla donde anidan estas aves. Si tiene suerte y va con larga vistas o un buen lente de cámara, podrá apreciarlos asoleándose sobre las rocas o nadando en los alrededores. En esta zona habita otra criatura en peligro, el chungungo (lontra felina), una nutria de mar que tiene que competir contra el pingüino por las mismas presas (peces, calamares y crustáceos).

Se cree que la población de pingüinos de Humboldt está en declinación. Esto, por varios factores: en parte, por el cambio climático (no sólo está aumentando la temperatura del agua, sino que también el fenómeno de El Niño suele ser cada vez más intenso. Así, su alimento ha ido disminuyendo y, por otro lado, han aumentado las precipitaciones y tormentas, lo que inunda sus nidos y mata a las crías). También está la depredación de zorros, gatos y ratas (que se comen sus huevos y atacan a sus crías) y, en mayor medida, el impacto directo del hombre. Si bien ya nadie los caza para comérselos, sí son capturados por causa del comercio (ilegal) de mascotas y con frecuencia también quedan atrapados mortalmente en las redes de pesca. Desde luego, también la contaminación contribuye de manera importante a su vulnerabilidad.

El Pingüino ReyPinguino-Rey-en-Tierra-del-Fuego-2

El aptenodytes patagonicus patagonicus es sólo un poco más pequeño que el Pingüino Emperador. Al igual que sus parientes, también fue ferozmente cazado durante los siglos XIX y XX. Dado que su reproducción es algo lenta (son alrededor de 15 meses los que pasan desde la postura del único huevo hasta que finaliza la crianza del polluelo), ha costado que sus colonias vuelvan a obtener sus tamaños originales. Hay, sin embargo, un caso sumamente exitoso que podemos narrar y que vale la pena visitar. Se trata del Parque Pingüino Rey ubicado en Bahía Inútil, Tierra del Fuego. En 2010, el grupo de estas aves constaba sólo de 8 individuos. Hoy pueden observarse cerca de 50. Todo, gracias a las medidas que tomaron los dueños del terreno. En primer lugar, crearon senderos y demarcaron los territorios que, bajo ningún respecto, deben pisar los visitantes, para no interferir. Luego, el Parque sólo recibe visitas previa reserva (que se puede realizar aquí: http://pinguinorey.com/). De esta forma, se controla el número de personas y se evita una invasión. En tercer lugar, el Parque cuenta con vigilantes. Por eso, los que no cumplen las normativas (de silencio y respeto), son expulsados, ¡sin misericordia!

En enero de 2017, tuve la oportunidad de conversar con la dueña del Parque. En aquella ocasión, me comentó los riesgos que corrían estas aves en su total desprotección. Ella fue testigo, por ejemplo, de cómo personas inescrupulosas se acercaban a los pingüinos, los tocaban, se sacaban selfies con ellos y los disfrazaban, les ponían bufandas y gorros e incluso, trataban de meterlos a las maletas de los autos. Por eso, que hoy eso ya no sea así, sino que se incentiven proyectos de conservación e investigación, es un trabajo totalmente laudable. Aún queda mucho por hacer, porque los pingüinos son criaturas sumamente sensibles y frágiles. Dado que las zonas frías son las más afectadas por el cambio climático, aún no se sabe si estos animales serán capaces de adaptarse y sobrevivir. Para conservar la riqueza de nuestro mundo y su diversidad ecológica, hay que colaborar con su protección.

Francisca Hernández

Doctora en Filosofía UC. Casada y madre de 2 hijos pequeños. Deportista desde muy joven, dedicada en los últimos años al running, trail, trekking y montañismo, aventuras que disfruta con sus amigos y familia.
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