Su Majestad: El Ojos del Salado. Una visita express.

Ojos

Chile es un país de récords. No sólo posee el volcán más alto del mundo en la zona más árida, el altiplano atacameño, sino que posee también la concentración de seismiles más alta del planeta, después de los Himalayas. En un sólo día, es posible dar con todo eso.

Una geografía accidentada

En marzo de 2015, un temporal causó estragos en la Región de Atacama, cuya capital es Copiapó. El río que la atraviesa llevaba casi 20 años seco y de pronto, una ola impetuosa volvió a correr por la ciudad, barriendo todo a su paso. La lluvia torrencial produjo aludes e inundaciones, afectando zonas de cultivos, viviendas y a la minería (y, por consiguiente, perturbó también las fuentes de trabajo). Al viajar por la ruta 31-CH en dirección a Argentina, es posible aún hoy ver las marcas violentas en la geografía: cadáveres de árboles arrancados de raíz yacen desparramados por las quebradas y tumultos de roca y arena desordenan el paisaje. Por acá fluyó fuerza, mucha fuerza. Es la madre naturaleza respondiendo al cambio climático.
El Volcán Ojos del Salado, con 6.893 msnm, queda en justo en la frontera, siguiendo aquella ruta hacia el paso San Francisco que fue alterada por los derrumbes y los ríos torrenciales. Si bien es un volcán activo, con fumarolas y pequeños brotes de cenizas, la última gran erupción se remonta unos 1.300 años atrás. Fue ascendido por primera vez en 1937 por un grupo de polacos. Sí, siempre polacos. Intrépidos, aguerridos y valientes pioneros de los lugares más recónditos del orbe. El primer ascenso por parte de un chileno fue recién en 1956 y su expedición no estuvo exenta de polémicas, especialmente respecto a la medición de su verdadera altura. Hoy, sin embargo, hay consensos y desde entonces, se ha vuelto una cima clásica para los montañistas que no están dispuestos a pagar los exorbitantes montos que cuesta ascender el Monte Aconcagua, su hermano andino, tan sólo 69 metros más alto.aluvionAhora bien, aun cuando los especialistas coincidan en que no se trata de una montaña que requiera de grandes destrezas técnicas, el Ojos sí puede ser peligroso por tres razones principales: el difícil acceso, la altura y el clima inclemente, con sus cuotas de viento y frío. Las expediciones que intenten alcanzar la cumbre deben tomarse, por todo ello, al menos unos 10 días. Para la aclimatación y a modo de entrenamiento, sirve recorrer la Meseta de los Volcanes y subir las otras montañas que se concentran ahí, como Barrancas Blancas (6.119msnm), Mulas Muertas (5.897msnm) y El Muerto (6.470). Los nombres de estas montañas tienen todos orígenes legendarios, donde la incertidumbre y la imaginación se mezcla con los hechos históricos. Se dice, pues, que cuando el descubridor de Chile, don Diego de Almagro, cruzó en 1536 por aquí, perdió unas mulas; y que, al acercarse a la ladera empinada de un cerro, halló un inca muerto. Al igual que en la Patagonia, los nombres están cargados de destinos trágicos.

Una visita express

No se necesita ser un experimentado montañista para gozar con estos paisajes marcianos. En un fin de semana puede realizar esta visita al altiplano y oxigenar su mente. Partiendo muy temprano (7.30am) desde Copiapó por el camino a Paipote, se puede llegar fácilmente en una camioneta minera 4×4 hasta los 4.500msnm, ver el Ojos del Salado y luego retornar a Copiapó en la misma jornada. En realidad, no se hace tan arduo manejar 580 km en total, porque el ambiente es deslumbrante y sumamente entretenido: todo el tiempo aparecen hitos geográficos que ver, animales domésticos y silvestres, pueblos abandonados (como Puquios) y piques del siglo pasado en las laderas de los cerros. En todo caso, como medida de precaución, se recomienda llevar un bidón extra de combustible y, para los mismos aventureros, ropa muy abrigada (lo que incluye guantes, bandanas y gorros), factor solar, líquidos y viandas. La organización es clave, porque probablemente no vea ningún alma en esta zona. Los mismos asentamientos de indígenas Colla, en los valles interiores, resultan algo misteriosos y fantasmagóricos, especialmente desde que los jóvenes emigran de allí en busca de mejores oportunidades en la gran ciudad.
La ruta transcurre entre terrenos desérticos y oasis, salares y relieves abruptos, siempre ascendiendo. Un hito importante en la ruta, poco después de la Cuesta Codoceo, es el salar de Maricunga, el más austral del mundo. Aquí hay un paso aduanero, aunque como no está dentro de los planes cruzar al país vecino, no es necesario realizar ningún tipo de trámite; sólo debe anunciarse y avisar a dónde va, pues carabineros y la PDI llevan un registro de visitantes y pueden prestarle ayuda en caso de que sea necesario.

En dirección al paso San Francisco, a unos 250km de Copiapó, podrá ver el Ojos del Salado a su derecha. A unos 2km está el Refugio Claudio Lucero (ex-hostería Murray), a 4.527msnm. Se trata de una espaciosa estructura de dos pisos que sirve de cobijo para los aventureros. Si se acerca —sólo en auto 4×4— tenga cuidado, eso sí, especialmente al ingresar y subir las escaleras. La falta de oxígeno puede provocarle uno que otro tambaleo. Se sugiere beber mucha agua, acudir a un paracetamol en caso de dolor de cabeza y moverse lento.Content-banner-INVIERNOOjosPor los alrededores es posible caminar entre rocas y penitentes. Éstas últimas son extrañas formas de hielo erosionadas por el viento y las precipitaciones que sólo se pueden encontrar a grandes alturas. Son bastante enigmáticas, puesto que aún no se sabe, a ciencia cierta, cómo se forman y deforman. El nombre para designarlas parece bastante acertado: son, en efecto, figuras suplicantes que parecen implorar la clemencia del cielo, en medio de un entorno hostil. Algunas se alzan por encima de los 2 metros. Pasear por «bosques» de penitentes, a la vista de los grandes volcanes, es una experiencia fascinante.

Otras bondades de la zona

Un poco más allá, siguiendo por la misma carretera en dirección a Argentina, se encuentra el Cerro Laguna Verde, el que, desfavorecido por tener poco menos de 6.000msnm, cuenta con menos ascensos. Conviene hacer una parada aquí para acercarse a la laguna turquesa que baña sus pies. Si no se encuentra congelado por las ráfagas de viento, puede desvestirse y calentar su piel con unas aguas termales que hay por el costado.
Al regreso recomendamos pasar por la Laguna Santa Rosa en el Parque Nacional Nevado de Tres Cruces. Es un parque pequeño, enfocado a proteger el salar y sus lagunas de las voraces mineras y los pirquineros que revuelven todo en la zona. El turismo recién se está montando aquí; apenas hay instalaciones y Conaf recién está habilitando senderos, por lo que aún puede hallar lugares prístinos para la fotografía, no pisoteados por las turbas de turistas que, algún día, llegarán en buses masivos. Una postal con flamencos y el Nevado Tres Cruces (6.748msnm) al fondo, junto a un picnic reponedor, se vuelven entonces invaluables. Hace poco, un guardaparque también divisó y fotografió a un puma que merodeaba el lugar en busca de agua y de su presa, el guanaco.
La ruta de regreso por la Quebrada de Paipote transita por varios humedales y vergeles. El camino de tierra serpentea entre matorrales, colas de zorro y tamarugos. Con ojos atentos puede divisar fauna nativa en extremo peligro de extinción (como la vicuña) y especies vulnerables (como la vizcacha). El paisaje abunda también en burros desafortunados o mulas que resbalaron por los riscos de las quebradas. Vida y muerte. Eso es Atacama.Parque nacional tres crucesvicuna 3
Vizcacha

Francisca Hernández

Doctora en Filosofía UC. Casada y madre de 2 hijos pequeños. Deportista desde muy joven, dedicada en los últimos años al running, trail, trekking y montañismo, aventuras que disfruta con sus amigos y familia.
Más artículos de Francisca